Catalejo

El Congreso ataca a la niñez guatemalteca

Mario Antonio Sandoval

Lo ocurrido el miércoles pasado en el Congreso constituye un claro ejemplo de la irresponsabilidad de la horda politiquera cuya guarida se encuentra en la novena avenida. Empecinados en aprobar la Ley de Reconciliación Nacional, cuya necesidad es tema muy ajeno al de este comentario, pero sin duda una obsesión para muchos diputados, en especial del presidente Álvaro Arzú Escobar. El pintoresco personaje decidió colocar la discusión cuando era el último día para aprobar un préstamo de cien millones de dólares destinados al combate a la desnutrición. La maldad consiste en acusar a los opositores de ser responsables por haberse salido y así impedir la discusión de la ley de amnistía.

En otras palabras, debido a esta irresponsabilidad sin nombre miles de niños guatemaltecos pasarán sus vidas con los efectos perennes de no recibir la atención debida a tiempo. Todo porque la directiva del Congreso necesitaba culpar a otros si fracasaba en su intento de la ley de amnistía, causante de una nueva división en un país ya demasiado dividido y enfrentado. Es importante señalar un hecho: los factores para solicitar o rechazar esa ley son absolutamente distintos a los relacionados con la urgencia de detener o al menos disminuir la tragedia del subdesarrollo físico e intelectual de miles de seres humanos. Es un costo demasiado alto y por otra parte es imposible justificarlo por razones politiqueras.

Lo más difícil de creer es el mensaje escrito y enviado vía Twitter por este novatísimo de la política, quien tiene el agravante de considerarse un valiente y quijotesco defensor de causas perdidas porque, además de ir en contra de la historia, provoca comentarios y acusaciones en su contra porque es muy fácil demostrar lo contrario a la afirmación de quien ahora tiene en sus planes presentarse de nuevo en las siguientes elecciones como candidato al Congreso de la República, y porque no les debe haber quedado ninguna duda de las reacciones en contra expresadas por diversos sectores del país.

Deberá entonces retroceder, por nueva ocasión, pero el daño a su figura ya está hecho, sobre todo entre quienes consideran heredable la capacidad politiquera. Pero no es el único caso de acciones inhumanas contra la niñez y su futuro. Es necesario señalar a otro pintoresco personaje, Joviel Acevedo, dirigente sindical magisterial guatemalteco parecido a Arzú en los efectos perniciosos y perdurables sobre la niñez, en este caso en el campo de la enseñanza. El aumento de los días de feriado, atraso de las clases, etcétera, tienen resultados nefastos. Los “trabajadores de la educación” presionan beneficios sin relación con la calidad del trabajo y tienen turbias negociaciones con los gobiernos.

Es momento de despertar a los ciudadanos acerca de los efectos a mediano y largo plazo de las acciones realizadas por los politiqueros desde el Ejecutivo, el Congreso, las alcaldías de cualquier importancia en todo el país. Se trata de semillas malignas de árboles cuyos frutos se podrán ver y sufrir dentro de varios años. Las pésimas condiciones sociales, educativas, de salud, etcétera, en Guatemala ya han llegado al colmo en algunos casos de ser peores a las de Haití. Estamos entonces a punto de comenzar a medirnos con algunos países subsaharianos, y solucionar esto no puede ser analizado desde el simplismo intelectual de considerarlo parte de ideologías, lo peor de todo ya inexistentes en la práctica.