Hagamos la diferencia

El desgano paralizante de los “buenos”

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

Me gustó un artículo escrito por Armando de la Torre en su Esquina Socrática, Los malos son los menos, donde indica lo siguiente: “Porque los “buenos” siempre están demasiado absortos en el trabajo cotidiano que implica cuidar y orientar a su prole y por las demás obligaciones para ganarse el pan de cada día. Pero a los “malos”, en cambio, todo su tiempo les resulta ocioso excepto para murmurar, sobornar, mentir, y hasta para asesinar, y creerse al mismo tiempo alguien que, por supuesto, como los demás, dignos de guiar a los más desorientados. Esto es tan viejo que ya el profeta Miqueas, hace casi tres mil años, proclamó de voz en cuello: “¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder!” (Miqueas 2,1) Por lo tanto, para los “malos” todo tiempo resulta disponible para calumniar, engañar y amedrentar mientras holgazanean tras bastidores. Para el “bueno”, en cambio, el tiempo apenas le alcanza para cumplir, trabajar, crear y todavía ahorrar. Vale la pena recordar que “…los rectos habitarán la tierra… Y los perfectos permanecerán en ella, pero los impíos serán cortados de la tierra,.. Y los prevaricadores serán de ella desarraigados…” (Proverbios 2:21-22). Verdades, según los superfluos, que solo los tontos recuerdan y que las mentes privilegiadas olvidan.

Reflexionando al respecto, considero que es importante que el grupo de los “buenos” decida en un momento dado asumir sus responsabilidades y tomar parte activa en las decisiones de este país. Debe involucrarse en el quehacer político y aportar sus opiniones en las diferentes instancias de poder del gobierno. Debe dejar de estar asumiendo un papel pasivo y decidir involucrarse activamente en las diferentes instancias de la sociedad en la que se desenvuelve, ya que una característica de los países desarrollados y progresistas es que sus ciudadanos toman parte activa, respetan las leyes y hacen que se respeten.

Para ello es importante que el Estado asuma el papel que le corresponde, al crear un sistema que permita a sus habitantes vivir en armonía, siendo rígido al aplicar la ley, pero también garante de respetar los derechos que las personas tienen. Hoy día, muchas de las violaciones a la ley se cometen ante la vista de las propias autoridades, quienes adoptan actitud indiferente. Los cuerpos de seguridad están infiltrados por el crimen organizado y se ven involucrados en actos al margen de la ley, dirigiendo en muchas de las veces las acciones delictivas. Un grupo de malos militares contribuyen también en hechos fuera de la ley, poniéndose a disposición de estructuras que aprovechan al Estado para cometer fechorías, al manchar el nombre de esta institución, que quedó severamente desprestigiada después del conflicto interno.

Los pocos recursos que el Estado tiene deben ponerse a disposición del desarrollo del país, al evitar gastos superfluos, innecesarios y manipulados que en muchos de los casos van a parar a manos “de los malos” que quieren continuar mamando de la ubre estatal.

Ojalá que quienes asuman el poder decidan romper las estructuras actuales y provoquen un cambio estructural para bien del país, y que “los buenos” nos involucremos en apoyar todas las acciones que sean en beneficio de la Nación, y que nos deshagamos de esa pereza paralizante de dejar hacer… dejar pasar y digamos “Heme aquí, Guatemala, estoy para servirte”. Empecemos por respetar la ley, aun en las pequeñas acciones, ya que un conjunto de pequeñas acciones provocan grandes cambios. Necesitamos “los buenos” hacernos sentir…