Liberal sin neo

El instrumento de la clase trabajadora

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Para los intelectuales de izquierda la historia de Guatemala se divide en cuatro etapas. La primera es la era maya precolombina. Eran pueblos donde reinaba la paz, la armonía y el amor, la igualdad de género, igualdad ante la ley, inexistencia de clases sociales, los trabajadores no eran explotados, no existía la avaricia ni la acumulación y, sobre todo, se amaba y respetaba a la madre naturaleza. La segunda etapa inicia con la conquista y la eventual patria del criollo, feudalismo europeo trasplantado que mantuvo un régimen de oscuridad por varios siglos. La tercera etapa es la primavera democrática de Arévalo y Árbenz, cuando se reivindica a la clase trabajadora y los pueblos ancestrales y se encamina hacia una sociedad justa y solidaria. Un golpe de la CIA y la oligarquía pone fin a esta idílica época para dar paso a la cuarta etapa, la reinstauración de la clase dominante y el reino de la explotación. Allí estamos todavía.

Causa asombro cómo los partidos y organizaciones políticas que se abrogan la representatividad de la población indígena de Guatemala han sido secuestradas por la ideología marxista y el realismo mágico. El programa general y plan de gobierno del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), brazo político de Codeca, se basa en el anhelo que llama “El buen vivir para todos y todas”. Dice: “Este es un concepto antiguo; rigió la convivencia ideal de las sociedades precolombinas en calidad de utopía y constituye una herencia política y moral de nuestros ancestros, la cual nosotros necesitamos actualizar… este es nuestro Norte”. ¿Convivencia ideal de pueblos precolombinos? No hay evidencia histórica alguna de esta utopía, sino todo lo contrario. Esta es solo una pequeña muestra del realismo mágico que permea todo el documento, que refleja fielmente su doctrina de lucha de clases y autodescribe al MLP como un “instrumento de la clase trabajadora”. Francamente, se le sale todo el fustán de instrumento del socialismo Gucci.

El programa general y plan de gobierno del MLP es un documento que consta de 20 páginas y se menciona un solo nombre, el de Árbenz, quien no quiso más que “desoligarquizar el capitalismo local a fin de democratizarlo mediante el impulso a la pequeña empresa agroindustrial. Con su derrocamiento por parte de la oligarquía quedó pendiente esta asignatura económica en nuestro país”. Esta misma oligarquía ejerce el “exterminio controlado” que “obedece a que la clase dominante no puede permitirse el lujo de aniquilar a todos los indígenas, pues se quedaría sin mano de obra que explotar”.

Según el MLP, la pobreza es una vasta y fríamente calculada conspiración de los ricos; “El sistema económico que tiene Guatemala necesita que haya muchos guatemaltecos sin educación, salud y oportunidades de trabajo para que, por desesperación, acepten los sueldos de miseria que esos oligarcas les ofrecen”. He conocido a muchos empresarios, personas y familias adineradas en Guatemala, no conozco a una sola, ninguna, que piense así.

Lo que propone como “buen vivir” no podría surgir del consenso, la genuina democracia y la alternabilidad en el poder. Solo podría lograrse esta “utopía” con un violento aparato represivo, dueño de la verdad, que generalizaría aún más la miseria. No puede ni debe hablarse de “cómo piensan los indígenas”, pero sí puede hacerse un análisis del sustento ideológico y doctrinario de las principales organizaciones políticas que autoproclaman su representatividad. Estas ideas, en mi opinión, no conducen al progreso y menos a la liberación de los pueblos. Es magia caduca.