Liberal sin neo

El nivel del mar de dólares

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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La tasa anual de inflación en Estados Unidos fue de 8.5% para doce meses, contados a marzo 2022, la más alta desde 1981, hace más de cuatro décadas. Funcionarios del gobierno de EE. UU. y sus voceros se han apresurado a culpar a la guerra entre Rusia y Ucrania y al aumento en el precio del petróleo, refiriéndose a “la inflación de Putin”. Los datos demuestran que la tendencia inflacionaria estaba en marcha meses antes de la invasión; la tasa interanual ya superaba 5% desde mayo del año pasado y para octubre, noviembre y diciembre de 2021 fue de 6.2, 6.8 y 7.0%, respectivamente. En enero y febrero 2022, la inflación interanual fue de 7.5 y 7.9%, de manera que 8.5% en marzo no puede atribuirse a la invasión rusa y a Putin.

El motivo de la inflación en la economía de EE. UU. no es un gran misterio. Milton Friedman (1963) acuñó la frase: “La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”. Seguramente se dieron otros factores agravantes. Las medidas tomadas por el covid-19 resultaron en una fuerte contracción de la economía de EE. UU. en 2020; desaparecieron más de 20 millones de empleos, la producción en el segundo trimestre disminuyó a una tasa anualizada cercana a -30%. La recuperación en 2021 fue fuerte —como lo fue también en Guatemala—, un efecto de rebote en el que productores y consumidores recuperaron espacio y confianza. Algunos efectos inflacionarios pueden atribuirse a la interrupción de la producción y cadenas de suministro, un paso atrás del salto en la recuperación de la demanda, a los aumentos en los precios de materias primas y el petróleo. Pero no puede perderse de vista el factor monetario.

A pesar de que la economía ya se estaba recuperando por su propio impulso, el gobierno de Joe Biden dispuso un paquete de gasto público de casi dos trillones de dólares, enviando un cheque de US$1,400 a la mayoría de los hogares y otros múltiples subsidios. Estos dólares fueron “creados”, aumentando significativamente la cantidad de dinero en circulación. Al mismo tiempo, la política monetaria dirigida por la Reserva Federal, el banco central de EE. UU., bajó la tasa de interés prácticamente a cero, desalentando el ahorro, promoviendo el endeudamiento, pujando hacia arriba los precios de activos financieros y propiedades inmobiliarias. Aquí no se discuten los motivos políticos para estas acciones, solamente su causal a presiones inflacionarias.

Cuando el ritmo inflacionario cobró vigor en el último trimestre de 2021, las autoridades de la Reserva Federal anunciaron que era transitoria y pasaría pronto; ya cayeron en cuenta que no es así. Una vez que la fiera inflacionaria se sale de la jaula, no es fácil encerrarla. La principal herramienta que tiene el banco central para domar la inflación es subir las tasas de interés, para reducir la cantidad de dinero en circulación. Esto supondría aumentos en el costo del servicio de la deuda del gobierno, ya alarmantemente dependiente del endeudamiento para financiar su gasto. También significaría aumento en el costo del endeudamiento comercial y productivo, que probablemente provocaría una contracción económica y desempleo, con posibles secuelas en los precios de activos financieros, mercados de acciones y presión a la baja en los precios de inmuebles.

El nivel del mar de dólares ha crecido de manera significativa. Para contener la inflación en EE. UU., algún tipo de corrección es inevitable. La Reserva Federal sabe que tiene que aterrizar y buscará lo que se conoce como un “aterrizaje suave”. Por cierto, la economía de Guatemala se verá sometida a la presión inflacionaria del dólar.