Catalejo
El nuevo MP despierta esperanza de legalidad
El Ministerio Público también tiene campo de acción para analizar a la horda de minipartidos sin orden.
Había motivos para dudar de la entrega del cargo de fiscal general del Ministerio Público, convertido en un arma de castigo ilegal a ciudadanos adversos a los dos anteriores gobiernos, pero por fortuna eso no pudo ocurrir y todo sucedió con normalidad. Se abrió la posibilidad de devolverle el prestigio a esa entidad estatal y la tarea debe iniciarse lo antes posible, sin arrebatos, como esperan numerosos sectores sociales serenos. Oficialmente, Consuelo Porras es parte de la historia nacional y ahora es una ciudadana común con posibilidad de considerarse ella la mejor Fiscal General. También debe ser juzgada, condenada o no, pero ser considerada inocente hasta probarle abusos e irregularidades y decisiones jurídicas imperdonables, como ella no hizo.
A pesar de las presiones se realizó el cambio en el MP, cuyo jefe enfrenta nuevos y seguros ataques adicionales.
Gabriel García Luna debe tener muy en cuenta la cortedad del tiempo a su disposición y escoger los casos más emblemáticos a fin de resolverlos con prontitud porque una de las razones del desprestigio del MP es precisamente el tortuguismo dirigido. A pesar de la decisión favorable de la Corte de Constitucionalidad, necesita estar preparado para artículos firmados en medios escritos o por medio de cobardes mensajes anónimos en memes y medios electrónicos, algunos con mala intención porque los corruptos, por un pacto o acciones individuales, no cesarán sus esfuerzos para desprestigiarlo. Por eso la lentitud de los veredictos será utilizado como prueba de incapacidad, mientras la comunidad internacional analiza ese tema en lo legal y lo político.
El interés nacional ya necesita concentrarse en otros temas muy variados e importantes por sus consecuencias para el presente y el futuro, ahora olvidados por lo ocurrido cuando Porras se había convertido en un personaje hábil al lograr convencer de su tarea bien hecha a algunos ciudadanos. A García Luna le espera arduo trabajo, como los negocios turbios de Giammattei y Morales, entre ellos las vacunas rusas, el dinero oscuro recibido envuelto en una alfombra, el incumplimiento de promesas para no aumentar los jugosos sueldos auto-decididos por los diputados, el ejecutivo y sobre todo los alcaldes y concejos ediles de todo el país, pero también el fraude de las mafias incrustadas en la Universidad de San Carlos, los ataques a periodistas críticos, y otros más.
Las autonomías, sobre todo municipal y universitaria, se han convertido en motivo para manejar sin control miles de millones del presupuesto, por lo cual los negocios sucios se han vuelto la regla, no la excepción, y se realizan en forma oscura, con corrupción, nepotismo, contratación de amigos y amigas —o más bien “amiguitas”— en puestos de mediana o poca importancia. El Ministerio Público también tiene campo de acción para analizar a la horda de minipartidos sin orden, obedientes a un autodenominado líder, total ignorante de cómo debe funcionar el Estado. Se agrega, y en vista de cómo está ahora, devolverle la calidad de Supremo al tribunal encargado definir el número de electores, organizar, analizar y declarar el resultado de las elecciones.
Al haber finalizado por fin el proceso de cambio en la dirigencia del MP y la Fiscalía, el libro debe cerrarse y el interés nacional centrarse en otros asuntos de enorme importancia, como son las relaciones exteriores, los planes para mejorar el tránsito de calles citadinas y de municipios departamentales junto con el área metropolitana, más los hospitales y las escuelas. El trabajo debe ser simultáneo, porque urge, y el descuido, la corrupción y demás han profundizado los problemas. Nunca es tarde para comenzar, con el cuidado de no repetir los errores técnicos crecientes desde hace demasiados años. Se abre una puerta de posibilidades positivas, pero sobre todo requieren valentía.