Liberal sin neo
El paisaje del progreso
Las palabras que mejor resumen lo observado.
He transitado regularmente por esa carretera y desde hace un par de años me preguntaba qué se estaría construyendo allí. Primero limpiaron e hicieron un camino hacia dentro del terreno, unos 200 metros o más. Mi primera impresión fue que se trataba de otra plantación de piña, ya que por la aldea El Jocotillo se ha desarrollado mucho la producción de esa fruta. Al poco tiempo se veían los inicios de una construcción, el movimiento constante de camiones, maquinaria y trabajadores. Incluso desde la vuelta de El Chilero sobre la carretera a El Salvador (CA-1 Oriente) se veía a lo lejos cómo se levantaba una edificación en la CA-9. Me llevó a pensar que se trataba de una lotificación, o quizás otro centro de negocios y bodegas, como uno muy vistoso que se desarrolló recientemente un par de kilómetros más adelante. Había leído sobre una inversión industrial que realizaba una empresa japonesa en Villa Canales, sin atar cabos. En días recientes vi una construcción terminada, ordenada y limpia, con un rótulo en la entrada: Fogel. La palabra que mejor resume lo observado durante esos dos años es progreso.
Aparece cuando todo el riesgo ya fue asumido y se colocó la última piedra.
Según información publicada en diferentes medios, la nueva planta industrial de Fogel representa una inversión cercana a US$50 millones y la empresa estima que con el tiempo generará hasta mil 800 empleos directos. Un cálculo sencillo permite aproximarse a una cifra reveladora; un promedio de US$27.8 mil de capital invertido por trabajador. Este dato revela un hecho fundamental que recibe poca atención; uno de los factores más determinantes para aumentar la productividad y los salarios es la cantidad y calidad del capital organizado alrededor de cada trabajador. También permite dimensionar los niveles de inversión que requiere generar 200 mil empleos formales productivos cada año, lo que necesita la economía del país.
El capital productivo es más que el dinero, el terreno, materiales y maquinaria. La génesis del capital consiste en un plan empresarial para combinar recursos y tiempo para crear valor; ofrecer algo que las personas valoran y están dispuestas a incurrir en costo para obtener. Sin planes humanos, no hay capital, solo cosas. Cada empleo productivo es la culminación de una cadena de decisiones empresariales; alguien descubre una oportunidad, imagina, persigue su visión, compromete recursos propios y ajenos, coordina conocimientos dispersos, corrige errores y ajusta su ruta, en espera que los consumidores confirmen la validez de su plan. Confirmación es ganancia; pérdida señala la necesidad de corrección.
Los funcionarios gustan de aparecer en la fotografía cortando el listón de inauguración de nuevas plantas industriales e inversiones significativas. Muchas de estas ocurren a pesar de los obstáculos, requisitos y regulaciones que imponen, no por los apoyos que brindan. El funcionario de alto rango, con séquito, aparece cuando todo el riesgo ya fue asumido y se colocó la última piedra.
La acumulación de capital productivo, originada por la empresarialidad, causa efectos distributivos de amplio alcance. En este caso, la inversión en la construcción de la planta ha requerido el pago a gran variedad de proveedores y empleados. Pero todos esos pagos han sido tan solo para conducir la inversión inicial a una condición que le permitirá continuar demandando y pagando recursos para generar ingresos en el futuro. El valor se distribuye y extiende en el tiempo. Guatemala necesita muchas más escenas como esa; la acertada transformación del ahorro, las ideas y el riesgo empresarial en oportunidades para miles de personas.