Liberal sin neo

El poder que controla la llave de paso

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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El poder debe verse con suspicacia y precaución; sin mecanismos efectivos para limitar y controlarlo, será abusado. Tian gao, Huangdi yuan es un proverbio chino que se traduce como “el cielo es alto y el emperador está lejos”; tiene múltiples interpretaciones. Se entiende que el poder central ejerce poco control de la remota autoridad local, el gran jefe es incapaz de hacer que el pequeño encargado cumpla sus deseos y órdenes. También se asocia en general a la corrupción y la común inobservancia de reglas por parte de particulares porque “nadie está viendo”. Puede interpretarse de manera ingenua, sin percatarse de que el emperador es incluso más corrupto y los de abajo en cada peldaño de la escalera solo siguen el ejemplo. Comúnmente ofrece ruta cómoda para desviar responsabilidad y distraer la atención; no es culpa del jefe, los sinvergüenzas son los de abajo, que no observan los mandatos de pulcros superiores.

Un caso que ilustra esta última interpretación es la revelación de los privilegios que gozan algunos reclusos en la prisión de Mariscal Zavala. Según reportaje de PL, allí se cuenta con virtuales condominios, zona VIP, viviendas de dos plantas y finos acabados. La estricta fidelidad al proverbio chino daría a pensar que las máximas y medianas autoridades no están enteradas y los malhechores son un par de señores que tienen la llave del portón. Los jefes se muestran sorprendidos e indignados; unos cuantos custodios son capturados y acusados de corruptos. La venta de privilegios, plazas, suministros y creativa variedad de oportunismo deshonesto no es un fenómeno exclusivo del sistema penitenciario; el modus operandi es endémico.

Puede esperarse la creación de una o varias comisiones en diferentes organismos, incluyendo el Ejecutivo, Legislativo, PDH y hasta la ONU, para investigar los hechos y formular recomendaciones. El presidente tuvo a su cargo el sistema penitenciario, tiene que estar perfectamente informado de cómo opera y cuáles son los remedios correctivos. Al igual que otros grandes problemas sistémicos en el país, enderezar rumbo exige cambios audaces que colisionan con fuertes intereses, representa riesgos y costos. No es cuestión de cambiar al jefe y darle más presupuesto.

Una de las grandes fallas en la apreciación del poder es suponer que será usado para los fines por los que fue creado. Es tan fácil imaginar y decir que el gobierno debería hacer esto o aquello; es más difícil comprender que conlleva otorgar poder a unos sobre otros y dar origen a consecuencias imprevistas que difieren de las intenciones. El entusiasta crecimiento de reglas, requisitos, permisos, autorizaciones y licencias genera la multiplicación de obstáculos con sus respectivas instancias de poder discrecional que promueve incentivos y oportunidades para capturar rentas, vender atajos y salvoconductos. Por ejemplo, las leyes y reglamentos que requieren un estudio de impacto ambiental para innumerables actividades productivas hacen poco por proteger el ambiente y no escatiman en obstaculizar, retrasar, elevar costos, crear rentables llaves de paso y captura de rentas para aquellos autorizados a realizar dichos estudios.

Reducir el abuso de poder y la corrupción va más allá de contar con personas honestas; exige normas, reglas e instrumentos para hacerlas cumplir que den certeza al elevado costo de incumplirlas. Las instituciones, las reglas del juego y las costumbres que les dan sentido, producen la matriz de incentivos. Hay que cambiar las reglas del juego. Cada eslabón en la cadena de poder crea un potencial emperadorcito.