Hagamos la diferencia

¿Élites que regresen? ¿O más bien ciudadanos íntegros, con capacidad y vocación de servicio?

Más allá de las élites: una crisis de selección y valores.

En medio de los debates recurrentes sobre el rumbo del país, resurgen ideas que parecen ancladas en una visión limitada de la realidad. La reciente insistencia en que “las élites deben volver a la arena pública” no solo simplifica un problema profundamente estructural, sino que también desvía la atención de una verdad más incómoda: Guatemala no carece de talento ni de personas íntegras dispuestas a servir, sino de mecanismos y criterios capaces de reconocerlas, promoverlas y confiar en ellas. Mientras no se corrija esa falla de origen, cualquier solución seguirá siendo superficial. El doctor Jorge Iván Echeverría opina al respecto: “Esta afirmación me provocó un profundo desconcierto: ¿cómo es posible pensar que la solución a problemas tan complejos dependa de élites? El bajo desempeño de los actores públicos no es un asunto de élites; es un problema estructural y endémico. Es, precisamente, el enfoque cerrado que ha limitado el acceso a los espacios de decisión pública a personas con valores, vocación de servicio y principios firmes, que no se prestan a servilismos de ninguna naturaleza.

El problema no es la ausencia de élites en la vida pública, sino la incapacidad de la sociedad para identificar, valorar y elegir a quienes realmente tienen integridad, capacidad y vocación de servicio.

La falta de reconocimiento de ese guatemalteco honesto, dedicado, trabajador y con auténtica vocación de servicio provoca que pase inadvertido. Intencionalmente o no, su humildad y su ausencia de protagonismo lo relegan al olvido, privando así a la sociedad no solo de su valioso aporte, sino también de su ejemplo. Su humildad, que debería ser virtud, se convierte en invisibilidad. Su integridad, que debería ser criterio de selección, se vuelve irrelevante o es considerada obstáculo frente a mecanismos que privilegian la exposición, la conveniencia o la afinidad de grupo. Nuestra sociedad está urgida de reconocer y promover la participación de personas que sean un ejemplo por su comportamiento ético, su capacidad para actuar y lograr que las cosas sucedan; personas que sean íntegras. Se necesita impulsar el liderazgo legítimo que trascienda la acumulación de riqueza o la búsqueda de poder con fines personales, partidistas, empresariales, gremiales, étnicos o de grupo.

Se hace necesario honrar a quienes destacan por su verdadera vocación social y su capacidad técnica y de dirección, más allá de su éxito personal o empresarial. No se trata de élites. No se trata de apellidos, de alcurnia ni de pertenencia a determinados grupos. Se trata de algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más exigente: integridad, capacidad y propósito. Se debe recuperar el valor de cuidar el nombre, la reputación y la integridad de cada persona, en especial, de un líder o funcionario. Asimismo, es indispensable reconocer entre los guatemaltecos a personas dignas y preparadas para asumir cargos públicos, verdaderamente calificadas para las funciones que se les asignen. La participación ciudadana debe orientarse no solo a la representación, sino también a garantizar la idoneidad de quienes toman decisiones.

El problema se agrava cuando los mecanismos de selección se distorsionan. Cuando elegir a quienes dirigen un país se parece más a un concurso escolar donde gana quien más votos vende, o a una competencia digital donde triunfa quien acumula más likes. Estos mecanismos no garantizan representatividad ni, mucho menos, capacidad.

La verdadera pregunta no es quién debe volver a la arena pública. La pregunta es por qué quienes deberían estar ahí no son llamados… o no son elegidos. Mientras sigamos confundiendo visibilidad con valor, y poder con mérito, seguiremos esperando soluciones. Nunca habrá prosperidad cuando la popularidad sustituye a la preparación”. Esta opinión de un profesional capaz e integro recoge perfectamente mi pensamiento al respecto de los ciudadanos que el país realmente necesita. Es importante crear las condiciones para seleccionar y para atraer a personas con un perfil adecuado a las necesidades del país.

ESCRITO POR:

Samuel Reyes Gómez

Doctor en Ciencias de la Investigación. Ingeniero agrónomo. Perito agrónomo. Docente universitario. Especialista en análisis de datos, proyectos, educación digital. Cristiano evangélico.

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