Catalejo

Encuestas, señalan; votos dan el resultado

Mario Antonio Sandoval

En dos días, los guatemaltecos han conocido los resultados de igual número de encuestas, similares en cuanto a la seriedad de quienes las encargaron. Prensa Libre, Guatevisión y la Fundación Libertad y Desarrollo tienen amigos y adversarios por muchas razones, no siempre válidas ni bien intencionadas, pero a mi juicio tienen en común el deseo de servir a los guatemaltecos, cada una en su campo, y por ello aceptan el reto de financiar los altos costos de estas mediciones. Como se sabe, constituyen una fotografía de un momento determinado y sus resultados pueden convertirse en predicciones, para lo cual es indispensable la respuesta sincera de las personas a quienes se les hicieron las preguntas, en base a criterios científicos y profesionales.

En ambas, el ganador para este domingo resulta ser el doctor Alejandro Giammattei, y la perdedora, Sandra Torres, lo cual comprueba la teoría de haber visto una segura derrota en segunda vuelta desde la pírrica victoria del 16 de junio, cuando no logró la mitad más uno de los votos válidos. La diferencia de los porcentajes de Giammattei en ambos casos es de solo 6,2 por ciento, y de cuando las cifras utilizan los votos válidos, no los de quienes aseguraron asistir, lo cual incluye votos nulos y en blanco, de hecho inexistentes en el resultado final. Prensa Libre y Guatevisión indican 61.1% para Giammattei y 38.9 para Torres. Libertad y Desarrollo tiene el resultado de 54.9 y 45.1, respectivamente. Mala noticia para los detractores de las encuestas.

La verdadera batalla se peleará dentro de dos días y por ello constituiría un error confiarse para ausentarse de las urnas porque se considere una victoria o una derrota. Lo más importante sigue siendo participar y sobre todo reducir el alto porcentaje señalado por los votantes encuestados, cercano al 40%. Se debe una vez más reiterar qué son y qué no son las encuestas. Son fotografías de un momento y por ello lo más importante son las tendencias en varias mediciones —mensuales, por ejemplo. Dependen de muchos factores inesperados, como por ejemplo, en este caso, la fracasada compra de los aviones argentinos, o el caso del Tercer País Seguro. Las encuestas no necesariamente son predicciones, pero son una guía confiable, y al fallar se convierten en fuentes de críticas malintencionadas.

Los guatemaltecos debemos recordar algo: el derecho cívico es el de ir a votar, aunque su motivación sea en contra de algún aspirante. La participación mayoritaria le otorga al resultado la legitimidad necesaria para no considerar a las elecciones como algo simplemente legal, dicho esto sin la intención de considerar de segunda importancia a la legalidad.

Otro factor de primerísima importancia es la aceptación de la derrota, algo especialmente difícil cuando se ha participado varias veces, como es el caso de estos próximos comicios. Quien pierda debe prepararse para continuar una carrera política verdadera, lo cual, a mi juicio, significa hacer a un lado a los malos consejeros, quienes en un porcentaje mayoritario de casos son responsables de los fracasos.

A causa de tantos candidatos, nuevas leyes electorales erróneas, conocimiento popular de prácticamente todo lo referente a los aspirantes, esta campaña no tuvo precedente. Las últimas semanas el tema electoral se redujo a programas de análisis y, por infortunio, a anónimos netcenteros con insultos e infamias. Aún se mantiene el fantasma del ausentismo y por ello la única manera de derrumbarlo es precisamente participando. Reitero mi creencia en la confiabilidad de las encuestas hechas con profesionalismo y sin agendas ocultas. No son perfectas, claro, por estar preparadas por seres humanos. El reto es ahora convencer a alguien de ir a votar, porque se cumple el dicho acerca de la importancia de la labor individual para un logro colectivo.