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Entre la utopía y la distopía

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Según el filósofo Richard Stahel, “toda organización social confía en algo que no es realizable o factible, pero tiene el ideal que está en algún lugar más allá del horizonte”. Una utopía se refiere a una comunidad o sociedad imaginaria ideal, justa, perfecta, en la que reina la hermandad y felicidad de sus ciudadanos. La connotación común de la palabra evoca aquello que sería ideal, pero inalcanzable. El término fue acuñado por Thomas More en su libro Utopía (1516), en el que describe una sociedad ideal ficticia sin propiedad privada, donde todos los bienes se almacenan en bodegas de las que cada familia requiere lo que desea, no hay candados en las casas y las viviendas se rotan entre sus ciudadanos cada diez años. Es a Platón, un milenio y medio antes que Moro, a quien se le atribuye la primera propuesta utópica, en La República (375 A.C.), un diálogo socrático que describe un estado ideal gobernado por sabios oligarcas o reyes-filósofos. La sabiduría de estos gobernantes acabaría con la pobreza, y los bienes estarían distribuidos de manera justa, aunque no ofrece detalles de cómo se lograría.

En la primera mitad del siglo XVIII surgió un cuerpo de literatura proponiendo diferentes visiones y esquemas de sociedades ideales, ejemplificada por las obras de Saint-Simón, Fourier, Cabet y Owen, entre otros. Estos autores fueron etiquetados de manera peyorativa como “socialistas utópicos” por Marx y Engels, para distinguirlos de su propia visión del socialismo, que sería “científica”. Marx no planteaba una sociedad ideal, sino una inevitable, por las leyes científicas de la historia; la lucha de clases conduciría necesariamente a la dictadura del proletariado, que monopolizaría los medios de producción en la fase socialista, que transformaría al hombre para desembocar eventualmente en el comunismo, una sociedad sin clases, de personas superiores, en la que el gobierno ya no sería necesario.

Quizás lo que une los diferentes hilos del socialismo utópico es que descansan sobre alguna noción de principios ideales, como la igualdad, hermandad, o la felicidad universal. El primer obstáculo que enfrenta el concepto de una utopía o sociedad ideal es que hay múltiples interpretaciones y perspectivas de lo ideal. La utopía de uno puede ser el infierno de otro. Otro problema del utopismo, la sociedad por diseño para alcanzar ideales específicos son las consecuencias imprevistas que terminan por producir una distopía.

Una distopía es una comunidad o sociedad que en algunos aspectos importantes es indeseable y hasta horrorosa. La distopía no es estrictamente antónima de la utopía; mientras que la segunda es una sociedad ideal o perfecta, la distopía puede tener o alcanzar algunos principios sociales aparentemente ideales, como la igualdad o la felicidad, pero posee fallas macabras o fatales. La distopía se conoce más como un género literario y fílmico; las novelas 1984 (1949), de George Orwell; Valiente Nuevo Mundo (1932), de Aldous Huxley; y Fahrenheit 451 (1953), de Ray Bradbury, son clásicas. En la novela de Orwell, el instrumento de control social es el temor, mientras que en la de Huxley es el placer. Lo que tienen en común es que el gobierno se hace cargo de todas las “necesidades” de la población y resuelve todos los problemas sociales; los medios que emplea para conseguir tales fines utópicos producen una sociedad espantosa, distopía.

Ten cuidado con lo que deseas, podría convertirse en realidad. Este es uno de los acertijos del poder; a la par de crear la capacidad para dar y aliviar, crea el potencial de quitar y destruir.