Liberal sin neo

Episodio bizarro de psicosis colectiva

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Donald Trump es un individuo abrasivo, impetuoso, ególatra y políticamente incorrecto. Pero de eso a que sea un agente ruso que conspiró con Vladimir Putin para ganar las elecciones presidenciales en EE. UU. hay un gran trecho. Pareciera difícil entender cómo un espejismo sicótico se apoderó de gran parte de los medios de comunicación, la clase política e incluso organizaciones de gobierno de EE. UU., para creer este cuento de conspiración. Se podrá pensar bien o mal de Trump, pero, ¿conspiró con los rusos para robarle las elecciones a Hillary Clinton? Este es precisamente el cuento que creyeron y quisieron promover relevantes personajes en las más altas esferas del poder e influencia.

Desde el día que asumió el cargo, líderes del Partido Demócrata y altos dirigentes del Senado y Congreso de los EE. UU., dos exdirectores de la CIA, altos dirigentes del FBI, medios como The New York Times, The Washington Post y las cadenas televisivas CNN, ABC, NBC y CBS se subieron todos al tren de la teoría de la conspiración Trump-Rusia. De acuerdo con las cabezas de esta gran psicosis colectiva, Trump sería un traidor y clamaban por su remoción del cargo como presidente de los EE. UU. En efecto, un golpe de Estado.

La chispa que encendió todo el proceso se dio cuando funcionarios de Australia informaron a funcionarios de EE. UU. que en mayo del 2016 un asesor menor de la campaña de Trump le habría comentado a un diplomático australiano en Londres —entre cócteles—, de que funcionarios rusos tenían en su poder información comprometedora sobre Hillary Clinton, la candidata rival de Trump. En respuesta a esta información, en julio del 2016 el FBI abrió una investigación preliminar sobre la relación entre asociados de Trump y funcionarios rusos. Pronto surgió el famoso Trump Dossier, una investigación pagada por el Partido Demócrata y Hillary Clinton, contratando a un exespía británico para escarbar y encontrar lodo para desacreditar a Trump. El Dossier fue trasladado a funcionarios del FBI, quienes lo usaron para obtener órdenes judiciales de vigilancia y escuchas telefónicas contra asociados de Trump, sin revelar a los jueces que esta “investigación” provenía de sus oponentes políticos, el Partido Demócrata y Hillary Clinton. En el camino quedaría claro que el Trump Dossier se componía básicamente de chismes y mentiras inventadas con fines políticos, pero la bola de nieve ya estaba rodando y cobraba fuerza.

En mayo del 2017, el fiscal general adjunto nombró a Robert Mueller como fiscal especial para investigar la interferencia del gobierno ruso en las elecciones presidenciales del 2016 y la existencia de coordinación entre la campaña de Trump y funcionarios del gobierno ruso. De entonces hasta marzo del 2019, el tema de la conspiración Trump-Russia se apoderó del debate político y los medios de comunicación, que ya habían decidido que Trump era culpable. El fiscal especial Mueller, con un equipo de 19 abogados y decenas de agentes del FBI, entrevistó a más de 500 potenciales testigos, generó más de 2 millones de páginas de documentos, entregó su tan esperado informe el pasado 22 de marzo. Su conclusión resumida es que no encontró evidencia que mostrara colusión entre la campaña de Trump y funcionarios del gobierno ruso.

Es increíble ver cómo tantas personas de tan alto calibre son capaces de perseguir tal fantasía solo porque se ajusta a sus diseños políticos. Creo que todo este circo pasará a la historia como un bizarro episodio de irracionalidad histérica que le causó profundo daño a las instituciones estadounidenses. Putin debe estar doblado de la risa.