Catalejo

Es error pelear batallas perdidas de antemano

Mario Antonio Sandoval

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Alejandro Giammattei ya se enfrascó en una batalla diplomática imposible de ganar: buscar la votación favorable para darle la oportunidad al carente de experiencia y dotes e inefectivo canciller guatemalteco Pedro Brolo dirigir la Secretaría General Iberoamericana (Segib), una entidad supranacional ahora encabezada por la exvicepresidenta y economista costarricense Rebeca Grynspan. Me enteré de su existencia hace cinco años, cuando tuve el gusto de ser invitado para dictar una conferencia en la sede, localizada en Madrid, para hablar a representantes de las lenguas española y portuguesa. Me di cuenta de la importancia de sus actividades, lamentablemente poco conocidas, así como del alto nivel y experiencia política de sus representantes.

Es un error lanzar esa candidatura por muchas razones, además de la poca experiencia de Brolo, excandidato a la alcaldía capitalina con el resultado del 2% de los votos y señalado en la hoja de vida oficial como participante en actividades no identificadas de la OEA. Es evidente la razón de su salida de la Cancillería: sus erróneas actuaciones diplomáticas de las últimas semanas —por cualquier razón, y eso no importa— no han tenido éxitos en su tarea, y la Cancillería guatemalteca no ha logrado salir del barranco a donde la lanzó su antecesora Sandra Jovel, ahora activa participante para lograr la candidatura presidencial de Zury Ríos para la elección del 2023. A eso debe agregarse la virtual imposibilidad de llevar al cargo a un aspirante centroamericano.

La única decisión aceptable es no participar, porque en esos cargos solo es aconsejable competir cuando ya existen apoyos suficientes. La carrera de Brolo en el campo de la diplomacia no tiene futuro y por ello es impropio exponerse a una derrota, pues no obtener los votos favorables es una muy dura derrota personal y también para el gobierno. Guatemala se encuentra ahora en un retroceso similar al de años anteriores a causa de los gobiernos militares. Esta vez es la notoria evidencia del rechazo por el nivel astral de corrupción y sobre todo de descaro y de burla a la independencia de los poderes del Estado. Por aparte, la escogencia del nuevo canciller debe ser cuidadosa, porque la principal tarea es recuperar, al menos en parte, el perdido prestigio del país.

La publicación parcial, ayer, de una carta de la Cancillería para pedir el apoyo de Venezuela para la candidatura de Pedro Brolo constituye una más de las pruebas de su nula capacidad. Las relaciones de la Guatemala ‘giammatteiesca’ con la Venezuela ‘maduresca’ no pueden estar peores. Antes de asumir, Giammattei fue a ese país junco con su ahora canciller, pero viajaron con pasaporte italiano y español, respectivamente. En la reunión de México, la oculta y sorpresiva presencia de Maduro, recibido en el Senado con gritos estentóreos de “¡Dictador! ¡Dictador!” estuvo cercana a las críticas presidenciales guatemaltecas, respondidas por el también impresentable Diosdado Cabello con duros ataques, entre los cuales recordó esa visita sin invitación. Por todo ello, solicitar ese apoyo es en realidad un chiste de mal gusto o de humor negro.

Decir esto no implica en manera alguna dejar de calificar al gobierno madurista como realmente es: una dictadura. Solo ese yerro es suficiente para borrar cualquier posibilidad de apoyo a la designación de alguien proveniente de un régimen abiertamente opuesto al venezolano, especialmente si se evocan las “excelentes lazos de amistad y cooperación”. Eso es cerrar los ojos ante la realidad e ignorar la imposibilidad de tomar decisiones sin consecuencias. A los guatemaltecos nos deben preocupar esas decisiones inverosímiles, porque implican la aprobación presidencial. Es necesario reiterar: no presenten esa candidatura, porque puede pasarle como a los comunistas en las recientes elecciones parlamentarias: obtuvieron cero escaños.