Hagamos la diferencia

Expectativas para el 2022

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

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Las últimas proyecciones indican que cerraremos el año con 7.5% de crecimiento del PIB; esto no ocurría en los últimos 40 años, lo que es bueno para Guatemala, después del -1.5% del año pasado. Independientemente del origen de este crecimiento, mucho del cuál es atribuido al ingreso de remesas, producto de “la exportación de nuestros connacionales” quienes generan más para EE. UU. que para Guatemala, al ingreso de dólares lavados producto del crimen organizado y del narcotráfico, al ingreso por producción en maquilas —que dejan poco para el país—, la explotación de minas y canteras que explotan nuestros recursos dejando pocos dividendos para el Estado, es bien cierto que es este un dato esperanzador, al manifestar mayor circulación de fondos, mostrando mayor dinamismo a diferencia de otros países que no logran aún sobreponerse de la paralización provocada por la pandemia de covid-19. Los sectores que están creciendo son industria manufacturera, construcción, comercio y transporte. Esto demuestra las bondades de la macroeconomía guatemalteca que amortigua asombrosamente la problemática en general del país.

A diferencia de otros países, la inflación, aunque manipulada, por los últimos cambios realizados a la forma del cálculo de los índices que la conforman, sigue estando dentro de márgenes razonables. Es Guatemala un país asombroso, la posición privilegiada en América, los recursos naturales con que Dios la dotó, la nobleza y empresarialidad de sus habitantes, los recursos no renovables con que cuenta, la chispa de alegría que brota de su espíritu aún en los momentos más difíciles, la hacen única a nivel mundial. Las condiciones para un mejor año 2022 son formidables; sin embargo, se avizoran amenazas que deben ser tomadas en cuenta. Alrededor del país a nivel mundial hay situaciones que amenazan la economía, y bueno fuera que las autoridades de turno pusieran atención a ellas pues este es un momento oportuno para hacer una diferencia como nación. La crisis de contenedores que ha aumentado el flete marítimo, la escasez de gas, el desabastecimiento de semiconductores, la baja producción de fertilizantes, la inflación galopante a nivel mundial, son fenómenos que deberíamos de estar monitoreando. Pero podemos prepararnos como país para enfrentar esta crisis, por ejemplo, con redoblar la producción agrícola pues será una buena época para exportar y utilizar para su producción fertilizantes orgánicos, aprovechar los recursos renovables y “bañar” de energía toda Centroamérica, aprovechar el ingenio guatemalteco para dar soluciones en la problemática que se avecina, etc. Lamentablemente el 2022 es un año preelectoral y el gobierno aceitará su burocracia para malgastar los buenos ingresos que están habiendo al buscar de nuevo atraer a los electores y mantener el statu quo. Al observar la estructura de presupuesto para el siguiente año se avizora un desperdicio de recursos, con el % de crecimiento de los más altos en las últimas décadas, al seguir además privilegiando el funcionamiento sobre la inversión. Se observa una lucha intestina por perpetuarse en el poder, y un reacomodo en el reciclaje de políticos que no quieren soltar los puestos, en un coloquial vocablo chapín “no quieren soltar el hueso”. Deseo que en este año 2022, cada guatemalteco asuma su responsabilidad ciudadana y cumpla sus obligaciones ante el país, ante sus familias, y ante la sociedad. Es importante que nos unamos y actuemos colaborativamente buscando el bien común. Que nos solidaricemos con los que están atravesando crisis económicas, y apoyemos a los que están en búsqueda de oportunidades, porque está demostrado que las sociedades en las que sus ciudadanos “se unen” son las que prosperan y desarrollan. Meditemos cada una de nuestras acciones, al buscar siempre realizar las que impacten no solo en nuestras vidas, nuestras familias, sino que en la sociedad en general. ¡Bienvenido 2022!