Mirador

Fabricantes de impunidad

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

Todo ciudadano mayor de 40 debería asistir obligatoriamente, dos veces al año y durante un fin de semana, a una reunión para reflexionar y debatir sobre qué país deja a sus hijos. La brutal catarsis requeriría, seguramente, intenso apoyo psicológico durante los siguientes días, pero estimularía a evitar que por dejadez, miedo o “falta de tiempo” las cosas sigan como están.

Quedan pocas dudas de que el sistema político actual es un desastre. No hay derecho de que en pleno siglo XXI el “liderazgo” nacional haya estado representado por Sinibaldi, Baldizón, Barquín, Baldetti, Pérez Molina o Sandra Torres, entre otras joyas de la corona; todos ellos condenados o procesados por graves delitos. De no haber sido por Cicig y los USA, alguno de ellos sería presidente y muy probablemente otro estaría electo y pendiente de asumir el poder en un par de meses. Si eso lo hubiese pronosticado un Walter Mercado allá por 1850, o incluso un siglo después, los intelectuales de la época se hubiesen descojonado ¡Para que usted vea!

La realidad, sin embargo, es otra. Tanto el Ejecutivo como el Legislativo se han convertido en una eficiente fábrica de ilegalidades, y promueven y aprueban normas que salvan la cara a delincuentes y crean espacios de impunidad para los integrantes de ese club de amigos de Alí Babá, que es el Congreso de la República, pero también el gobierno de la Nación. Unos “honorables” que dejaron la ética a un lado en su más tierna infancia y que lo mejor que han hecho desde entonces ha sido gastar el dinero público en propio beneficio o triangularlo para que termine en sus bolsillos o en los de sus financistas. El narcotráfico y el crimen organizado tienen a muchos de ellos en sus nóminas y es evidente que les sirven con devoción.

El poder judicial tampoco se ha quedado rezagado de esa carrera por la corruptela. Jueces y magistrados salen a menudo a la palestra por tomar decisiones que desbaratan el poco Estado de Derecho existente o resuelven contra todo principio de lógica jurídica. El positivismo, el amiguismo y las mañas son pilares sobre los que edifican demasiados abogados en el país, lo que genera sustanciales fortunas en determinados bufetes pero impunidad en la mayoría del país ¡Otro desastre!

Algunos que dicen no robar “un centavo al pueblo”, no logran comprender que no ser corrupto ni ladrón no significa únicamente no robar, sino también incluye no recibir dinero del Ministerio de la Defensa, no aceptar lentes de marca caros, mentitas, flores, joyas o licor comprados por la SAAS o mantener en el cargo a ministros o generales corruptos o perseguidos por la justicia. En definitiva, el analfabetismo político impide comprender lo más elemental, y como el papel todo lo aguanta elaboran discursos grandilocuentes que serían reprobados en cualquier clase de bachillerato por madurez.

Sin embargo, como no se organiza esa reunión indicada al inicio, el ciudadano sigue en la nubes o perdido en la selva diaria del tráfico sin darse cuenta de que dentro de unos años es probable que nuestros hijos terminen reclamándonos lo pasivos, dejados y apáticos que fuimos. Vamos, que faltaron bemoles para enfrentar una situación que, vista desde fuera, causa asombro porque es difícil nombrar a algún político en los últimos treinta años que se salve de la hoguera.

¡Yo sé de uno!, me dice un cuate, y puede que lleve razón, así que le contesto: “Dime entonces dos”, y entonces me mira cabizbajo y descompuesto y me invita a tomar algo para superar la desazón y llorar las penas juntos.