Liberal sin neo

Fantasmas del pasado

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Los hechos sangrientos ocurridos en Semuy 2, en El Estor, Izabal, el lunes 2 de septiembre son como un fantasma del pasado espantando en el presente. ¿Será este un incidente aislado o un mal augurio? Sobre el incidente hay diferentes versiones y lo único seguro es que hubo muertos por armas de fuego. Se tornó aún más confuso cuando en la madrugada del pasado domingo, Agustín Chub Chub apareció muerto en su vivienda, en Semuy 2, presuntamente por suicidio. Había sido señalado como uno de los victimarios de los soldados muertos.

Según relatan en entrevistas de video los soldados heridos Édgar Domingo Caal y Erwin Coy Méndez, se encontraban patrullando el área en busca de pistas clandestinas y siembras de marihuana. Al llegar a Semuy 2 fueron confrontados por cerca de cien personas con machetes, palos y piedras. Pronto aparecieron una docena de personas con escopetas 12 y rifles 38 y “sin mediar palabras le dispararon a mi sargento en la cara y ese fue el primer disparo”. El oficial les ordenó que no dispararan y uno de los heridos entrevistados cuenta que entre tres personas le quitaron el arma y “lo que hicimos fue salir corriendo por nuestra vida”. El saldo fue tres soldados muertos y varios militares y civiles heridos. El informe forense señala que los soldados fueron ultimados con arma expansiva, probablemente escopeta, no con fusil.

Julio César Macías Mayora, el excomandante guerrillero conocido como César Montes, tiene versiones diferentes. Luego de ver su página en Facebook y leer algunas de sus declaraciones en los últimos tiempos, creo que la parte de “ex” en guerrillero puede ser una exageración. “Asesor” del Ministerio de Agricultura, le gusta fotografiarse con armas, su foto de perfil lo muestra a caballo con rifle en mano. Sus “batallones de la paz y la producción” visten playera roja con fotografía del “ex” comandante, en sus años mozos, con un fusil de asalto —parece primo del Ché—. En su mente, un ángel armado luchando por la justicia social. Un post del 6 de septiembre en su muro de Facebook dice: “Ha vuelto el tiempo del sacrificio heroico. No somos mansos corderos”.

De acuerdo con una de las versiones de César Montes, al llegar a Semuy 2, miembros de la patrulla del Ejército abrieron fuego contra los campesinos y luego salieron huyendo, dejando abandonados a tres de ellos, que fueron capturados por la turba enardecida que los mató. “Fue un incidente con la población civil”. Dice “lamentamos el hecho que les hayan quitado las armas y con ellas mismas los hayan matado”. Debió decir: “ejecutado”. En otra versión cuenta que las mujeres al ver al Ejército llamaron a sus hombres, quienes llegaron armados a socorrerlas y miembros del Ejército iniciaron la balacera. Por más que Macías Mayora o Montes protesta que es amante de la paz y la producción, toda la imagen que proyecta y las palabras que emanan de su boca —previo a este suceso— son las de un hombre enamorado de su pasado como combatiente guerrillero. ¿Qué hace dirigiendo grupos armados? ¿Es mera coincidencia que este personaje esté en el centro del enfrentamiento sangriento en Semuy 2, una comunidad pacífica que él “organiza”? Estira la credulidad.

Entre la versión de los marinos heridos, la oficial y la del “ex” comandante, me quedo con la de los soldados. Una “turba” no es capaz de tirar del gatillo de una escopeta y disparar a la cara con saña; fueron individuos con nombre y apellido. Es necesario que se haga justicia. No puede tolerarse que haya batallones armados, aparatos clandestinos que mantienen sus territorios. Es un cáncer que crece.

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