Economía para todos

Final de la empresa familiar Aparicio

José Molina Calderón josemolina@live.com

La Sociedad Aparicio e Hijos y Cía., fue la empresa más grande de Guatemala a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sufrió menoscabo de sus propiedades y fortuna, persecución de sus miembros y fusilamiento del más importante de ellos. María Elena Toledo de Robles, nieta de Manuel Aparicio Mérida, expone lo ocurrido.

En esta empresa se hará alusión solamente a la rama de familia de Juan Aparicio Limón, y sus descendientes Aparicio Mérida.

El 28 de junio de 1886 se constituye en Quetzaltenango la empresa familiar Juan Aparicio e hijos, dedicada a la agricultura, exportación, comercio y servicios. Los hijos varones mayores eran Juan y Manuel Aparicio Mérida, existiendo entre ellos una diferencia de edad de más de 10 años.

Para poder tener idea de lo que significaba Juan hijo para su padre, la familia y, en especial para la empresa familiar, cuando tuvieron que salir de Guatemala hacia Estados Unidos de América, por un disgusto familiar con su yerno el general J. Rufino Barrios, Juan tenía 29 años de edad y quedó solo a cargo de la inmensa empresa. Esta disponía de fincas agrícolas, ingenio azucarero, molino de trigo y distribuidora de telefonía y electricidad en occidente.

Un hecho muy importante que influyó grandemente en la situación que fue llevando a la pérdida de las propiedades de esta empresa familiar fue el fusilamiento de Juan Aparicio hijo, que era el cerebro de toda aquella empresa.

Un momento a otro, Manuel Aparicio Mérida, hermano del fallecido, en 1898 tuvo que regresar de Nueva York, en donde tenía a su cargo la gerencia de una casa de banca de la familia, para hacerse cargo de todo el negocio.

El año 1898 fue sumamente difícil ya que los precios cayeron a la mitad y en lugar de recuperarse fueron decayendo. Por lo tanto, en los años siguientes, hubo necesidad de contratar préstamos para mantener el cultivo de café y las fincas activas, y al no haber préstamos con garantías de las cosechas, se vieron en la necesidad de hacer préstamos hipotecarios con varias casas alemanas. Pese a que se fueron haciendo pagos parciales, no se lograba terminar con las deudas, ya que el café no se recuperaba.

En 1904 la sociedad Aparicio e Hijos y Cía., se vio obligada a formar con casas alemanas la Sociedad de Plantaciones Cecilia para la explotación de las propiedades de la familia, la cual fatalmente fijó su domicilio en Hamburgo, Alemania, cuya administración se reservaron dichas casas alemanas.

Para entonces la sociedad Aparicio era poseedora del 38% de las acciones de dicha sociedad, pero ellos se reservaron su administración hasta 1918, en que por decreto 747 se transfirió a manos de la Intendencia General del Gobierno de esta República, establecida por el mismo decreto.

Durante muchos años se fueron haciendo los pagos contra entrega de embarques de café, pero los precios disminuían y pocas veces se recuperaban.

La Segunda Guerra Mundial empeoró la situación de pérdida de las propiedades de la familia Aparicio, porque al haberle expropiado a los alemanes sus bienes, entre ellos los de la Sociedad de Plantaciones Cecilia, que era alemana, se perdió el 38% de las propiedades de Aparicio.

Y aunque la familia le pidió al Gobierno que se revisara el contrato, este no quiso hacer nada y en vez de devolverle algunas fincas, unas de ellas las convirtieron en fincas nacionales, como son Brillantes y Carolina…