Catalejo
García Luna debe hablar de sus acciones urgentes
El factor común debe ser la celeridad, lo cual no significa inmediatez o arrebato sin meditación.
La escogencia de Gabriel García Luna como jefe del Ministerio Público y Fiscal General es una oportunidad como ha habido otras, lamentablemente desperdiciadas en los últimos cincuenta años. Me refiero al ansia popular del renacimiento de la esperanza para acabar con las acciones de abuso y convertir a ambos cargos en órganos de venganzas personales contra los adversarios políticos de un gobierno. Esto debe ser acompañado de decisiones dependientes de la presidencia y relacionadas con la posición guatemalteca en el mundo y especialmente en los países importantes para Guatemala. El factor común debe ser la celeridad, lo cual no significa inmediatez o arrebato sin meditación, evitando ejemplos de justicia tardía y por tanto inútil y contraproducente.
Los guatemaltecos estamos interesados por saber cuáles serán las primeras acciones del nuevo Fiscal General y jefe del MP.
Bernardo Arévalo debe actuar pronto en algunos asuntos. Uno de ellos es decidir la pronta fecha de recepción de cartas credenciales del nuevo embajador estadounidense, Juan Rodríguez, cuando llegue al país. Se le menciona como amigo personal de Donald Trump, y de línea dura republicana. Esto importa a causa de una decisión aparentemente desconectada, en Costa Rica: haberle eliminado la visa a la plana mayor del diario La Nación, seguida de una decisión similar contra el expresidente Óscar Arias. Esa decisión, dijo a la periodista Alejandra Álvarez el exembajador estadounidense Stephen McFarland, parece tener motivaciones políticas, manda el mensaje de “cuidado con lo que dices” y daña la imagen de Estados Unidos si no explica las causas.
Por supuesto, este plan de acciones del MP no debe estar dentro de un complicado y largo informe, sino de un compendio de los temas más importantes para resolver y con ello mejorar la posición actual de Guatemala. Al conocerse, no cabe la menor duda del surgimiento de análisis de periodistas de opinión en sus columnas y videos. Tampoco cabe la menor duda de señalamientos inspirados en grupos internos de cualquier tipo: políticos, económicos, de sentido común y de experiencia en cómo funcionan las cosas en este país. El licenciado García Luna debe saber manejar el tiempo y la jerarquía otorgada al nuevo Ministerio Público, e interesarse en una actuación lo más rápido posible y en cómo actuar cuando la prensa le haga preguntas relacionadas con su importante tarea.
Los medios informativos electrónicos vía redes sociales se han convertido en difusores de mentiras, exageraciones, calumnias o injurias, dos de las causas de participación del Tribunal de Honor de la Asociación de Periodistas de Guatemala. Hacer esto no convierte en periodista informativo o columnista a cualquier escritor de esos textos, muchas veces producto de la cobardía de alguien para poner su nombre en el video o el texto. Hay una línea delgada en la opinión contraria a algún tema, como las acciones de los funcionarios públicos, o una serie de insultos, cuya meta es afectar el derecho a la dignidad personal. La multiplicación de estos casos obliga a establecer marcos legales a la difusión de ideas. La libertad de expresión no puede ser absoluta, y no lo es.
Las oportunidades de mejorar la percepción popular del gobierno han venido en varias ocasiones: Ríos Montt, Cerezo, Serrano, Arzú, Portillo, Colom, Pérez Molina, Berger y, sobre todo, Morales y Giammattei, quienes las desperdiciaron. Arévalo está a menos de la mitad del tiempo de su período, y también se puede decir lo mismo de él, aunque por razones distintas. El tiempo real es de poco más de un año, cuando comience la feroz lucha electorera de personajes conocidos por sus derrotas, convencidos de ser el soberano supuestamente necesitado por un país con panorama general de fracasos y atraso. Todo se relaciona con la urgente tarea del licenciado Gabriel García Luna, necesitado de serena valentía para sustituir al actual remedo de democracia.