Catalejo

Giammattei debe cerrar el sainete para Porras

Mario Antonio Sandoval

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Ya se lograron los pasos previos para hacer realidad no la reelección, sino el “renombramiento” de Consuelo Porras. Es un sainete y por tanto una obra teatral burlesca, en un plan urdido por el gobierno y sus corifeos, realizado al principio cautelosamente y luego a las claras. La sordidez, impudicia, indecencia, la burla al espíritu y a la letra misma de la ley retrata conocimiento jurídico puesto al servicio de justificar el objetivo conocido desde el principio en favor de alguien cuya permanencia en el cargo es fundamental para lograr la impunidad de funcionarios públicos de todo nivel y de politiqueros cuyo única meta ha sido el pillaje del país. Alejandro Giammattei obedecerá a la aciaga CC la orden de esta reelección, pero será un teatro del absurdo sin aplausos.

Lo ocurrido obliga a comentar. La CC, ahora presidida por Dina Ochoa y con otra “porrista”, Leyla Lemus, entre sus miembros, dio la orden pero luego envió el expediente al Juzgado Sexto para seguir el trámite. Se evidencia la necesidad de Giammattei y su gente por controlar esas dos instituciones. Porras tuvo al final voto favorable de la totalidad de la comisión de postulación, presidida por su amiga Silvia Valdés, presidenta de la Corte Suprema, lo cual constituye el primer acto de ese teatro del absurdo, enmarcado con trampas gracias a legalidades utilizadas con el fin de ‘mentir con la verdad’ a quienes analizan los hechos político-jurídicos solo tomando en cuenta el aspecto legal. Si se observa un poco más allá, salen a la superficie de la cloaca las verdaderas intenciones.

Porras resultó al final teniendo unanimidad a su favor en la comisión de postulación. A este respecto se debe señalar que los abogados colocados desde el principio en su equipo reiteraron su posición y hablaron de meritocracia, legalidad, autonomía y jerarquía, entre otros criterios. Uno de ellos, Luis Aragón Solé, de la U. San Pablo, reiteró su afirmación de que Porras era la mejor; otro, Alejandro Arenales Farner, de la U. del Istmo, expresó que “la orden de la CC no dijo por quién votar”, muestra de osadía o de inocencia y no poder o no querer ver la realidad. Todo esto se hace frente a la ciudadanía y en especial los interesados en comprobar la interminable politiquería y cómo poco a poco, pero sin dar marcha atrás, se afianza el asco por el sistema.

Quienes habían votado en contra y se vieron obligados a cambiar su voto cometieron un error de estrategia: señalaron su acatamiento a la orden. Pero podrían haber hecho algo más: obedecer una orden de la CC porque no pueden hacer algo distinto, pero ejercer su derecho de razonar el voto y reiterar su posición inicial. Fue un error de falta de malicia: en los documentos de las comisiones, históricos por sí mismos, solo queda marcado su cambio de voto. No es suficiente. Debieron expresar opinión de consenso, reiterar su voto inicial y así demostrar la firmeza de sus criterios. El voto razonado no se puede olvidar, es un derecho de quienes están conscientes de perder una votación a causa de estar en minoría. Es conciencia histórica.

A trompadas y empujones, Giammattei logró su cometido. No puede tener la solvencia de elegir a otro, porque le urge protección cuando entregue el cargo, si no logra eliminar la reelección presidencial. Se arriesgaría a acciones vengativas en su contra emanadas desde el Ministerio Público, como ha ocurrido sobre todo en estos cuatro primeros meses del año. Debe dar prisa a la supuesta escogencia a fin de terminar el entuerto organizado por él y sus secuaces, pero no puede presumir de ser respetuoso de la ley, en su espíritu y su forma. Con maniobras de esta calaña para lograr fines politiqueros nuestro país sigue en su carrera de retroceso y sin obstáculos. Si yo fuera inversionista internacional, no pensaría siquiera en arriesgar dinero en un país como la actual Guatemala.