Liberal sin neo

Hay más de un embargo obsoleto

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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Cada año se somete a voto de la asamblea general de la Organización de Naciones Unidas (ONU) una resolución que condena el embargo que Estados Unidos mantiene hacia Cuba desde 1962. Este ritual anual se realiza desde 1992 y la semana pasada se dio otra iteración; 185 países, incluyendo Guatemala, votaron a favor de condenar el embargo. Solo EEUU e Israel rechazaron la resolución; Brasil y Ucrania se abstuvieron. El ritual de la ONU es un acto simbólico; el gobierno de Estados Unidos no está obligado a acatar; levantar el embargo requeriría la aprobación del Congreso de ese país. Es curioso que la resolución de la asamblea general no condena el embargo que el gobierno cubano mantiene hacia sus ciudadanos.

Los diplomáticos en la ONU se apresuran a levantar la mano para condenar el hecho que empresas y ciudadanos de EEUU tienen prohibido comerciar con Cuba, en una resolución que omite mencionar que ciudadanos o empresas privadas cubanas no pueden comerciar entre ellos o con sus pares en otros países. Comerciar “con Cuba” es hacer negocios con el gobierno o ejército cubano, no con particulares, que carecen de ese derecho en la isla. La asamblea de la ONU tampoco condena la ausencia de libertad de prensa, o de libertades civiles y políticas. Un argumento es que debe respetarse la soberanía cubana; pero bajo ese mismo principio habría que respetar la soberanía de EEUU si su gobierno no quiere comerciar con Cuba. Por cierto, el envío de remesas a Cuba por Western Union en 2019 fue de US$5,300 millones; dinero y bienes que llega por otras vías será mucho más.

Es noticia que Cuba atraviesa una de sus peores crisis y hay escasez de alimentos y medicinas; “al punto”, comentó un medio de prensa, “que esta semana se quedó sin hostias por falta de harina, un déficit que aqueja desde hace meses a toda la isla”. La falta de trigo, harina y hostias en Cuba es consecuencia directa del embargo que el gobierno cubano mantiene sobre sus ciudadanos. Si agricultores canadienses, argentinos, brasileños o de casi cualquier otro país quieren vender trigo y otros productos a Cuba, pueden hacerlo, siempre que sea al gobierno o ejército. Pero un ciudadano cubano particular emprendedor que quiera importar trigo, para fabricar y vender hostias, pan o galletas en Cuba, no puede hacerlo.

Contrario a la visión romántica que se mantiene sobre la isla caribeña, en ese país hay escasez de todo, por el monopolio estatal. Esta misma visión idealiza a los médicos que Cuba exporta a otros países; entender este sistema es apreciar que es literalmente tráfico de personas, jugoso negocio para el régimen cubano, no para sus galenos.

El embargo de EEUU es anacrónico; pero no más que el régimen cubano. Con más de sesenta años en el poder, la dictadura militar nunca se ha sometido a una elección popular, ni lo hará pronto; sería expulsada en las urnas.

Carece de sentido dar al gobierno cubano un derecho que este niega a sus propios ciudadanos. El comercio promueve la prosperidad y oportunidades; puede conducir a la liberalización política, ya que la libertad económica contribuye a disipar el poder. El problema es que no ocurrirá en Cuba mientras el régimen mantenga el monopolio sobre la producción, comercio, prensa y educación, sin abrir esa puerta a la población en general.

Quizás, como propone la diplomacia global, sea tiempo de que EEUU ponga fin al embargo. También es tiempo que el gobierno cubano ponga fin al embargo de libertades civiles fundamentales a su propia población. Es otra resolución que la asamblea general de la ONU podría aprobar cada año.