Catalejo

Humor negro y espejismo de “Giammatteilandia”

Mario Antonio Sandoval

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El humor es negro cuando se refiere a temas causantes de piedad, lástima o terror al ser analizados desde otra perspectiva. La mentira es “lo contrario a la verdad o a lo que se sabe”. Alucinación o espejismo es ver cosas inexistentes. Definirlos es indispensable para comentar los discursos de Alejandro Giammattei y de Allan Rodríguez el viernes en el Congreso, ambos dedicados a alabar los presuntos logros del Gobierno, y el de la nueva presidenta al hacer promesas y alabar a Dios. Se repitió la historia: los mandatarios guatemaltecos, rodeados de aduladores, no pueden ni han querido ver la realidad y entonces crean un país ficticio cuyo nombre debería ser “Giammatteilandia”, como antes lo fue “Arzulandia”, “Colomlandia” y “Moraleslandia”, entre otros.

A esto se agrega el estilo altisonante de quien inició ese día su tercer año de desgobierno. El convencimiento y la firmeza de sus afirmaciones provocaron estupor en las personas preocupadas por el presente y más aún por el futuro nacional inmediato, próximo y a largo plazo. En su discurso, Giammattei resaltó un crecimiento económico del 7.5%, sin mencionar el dinero proveniente de las remesas; expuso una estabilidad macroeconómica lejana a la realidad de la población; habló de un sistema financiero solvente y sólido según agencias internacionales no citadas; aludió, sin datos, a la alianza con Estados Unidos para combatir el narcotráfico internacional, la trata de personas y de migrantes; la institucionalidad y el estado de Derecho.

En su intervención hizo referencia a las gestiones ante Estados Unidos para que los traficantes de indocumentados sean extraditados y juzgados en ese país. Excelente teoría, pero no toma en cuenta la corrupción a ambos lados de la frontera, la imposibilidad de lograrlo y el encarecimiento del cobro a los migrantes irregulares. Tiene razón, eso sí, cuando dijo: “Lo único que detiene la migración son los muros de prosperidad”, pero para ello no están dadas las condiciones ni en este país ni en Estados Unidos, a cuya economía le conviene la presencia de quienes toman trabajos despreciados por su población. Como siempre, lo temas más importantes no fueron los mencionados, por ser real o supuestamente beneficiosos, sino los no incluidos, donde se esconden los fracasos.

El sábado se conoció la inclusión de Guatemala, junto con Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú y el Banco Interamericano de Desarrollo en una charla virtual del Foro de Davos, Suiza, de innegable relevancia mundial por ser una organización público-privada, creada hace 50 años, donde se reúnen líderes políticos, empresariales, académicos y de medios de comunicación con el fin de presentar nuevas ideas para enfrentar las cambiantes realidades del mundo. La presencia latinoamericana es una excelente oportunidad para lanzar su voz en este ámbito y de trascendencia para el país. Si quiere tener éxito, Alejandro Giammattei necesita tener presente que no es un sitio adecuado para discursos matizados con exabruptos ni malos gestos. Todo lo contrario.

El ambiente nacional se encuentra revuelto, azaroso, turbulento, agitado, desordenado. Dentro de este nudo están planificadas las siguientes elecciones, en la cuerda floja porque puede haber cambios para afianzar la ruta a la dictadura, populista o no, con pacto de corruptos o no, con reelección o no. La realidad latinoamericana comparte muchas de esas características y por eso no es exagerado temer el fin de la democracia, aunque sea imperfecta. El interés de China y Rusia por afianzar su influencia también es preocupante, porque son virtuales dictaduras, mientras en Europa Occidental y el norte de América la democracia liberal se debilita y en Guatemala se afianza la pelea entre la derecha y la izquierda, en vez de ocuparse en comprender la urgencia de deslindar lo sensato de lo absurdo.