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Impuestos: ampliar la base

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Durante su campaña, el ahora presidente electo para gobernar Guatemala del 14 de enero del 2020 al 14 de enero del 2024, Alejandro Giammattei, insistió en que no incrementaría impuestos, sino que ampliaría la base de recaudación de los tributarios. Tiene razón, dado que en Guatemala pocos sostienen al país con sus tributos. La única forma que hay para hacerlo es simplificando el sistema impositivo, eliminando algunos impuestos y facilitando el pago.

En el 2015, la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa) publicó un interesantísimo estudio sobre la tributación en el país. El resultado de este estudio reveló que somos muy pocos los guatemaltecos que tributamos y, en general, son las empresas las que suelen pagar la mayor parte de impuestos en el país. De 17 millones de habitantes que se estimaba ese año, apenas 1,089 tributarios —la mayoría empresas— pagaban el 71.6% de lo recaudado.

El problema en Guatemala es, a mi juicio, la falta de un vigoroso crecimiento económico. ¿Por qué? Porque desde la década de los ochenta se ha implementado en cada gobierno una reforma fiscal que pretende recaudar más impuestos, pero siempre manteniendo los mismos impuestos, elevando tasas, implementando algunos nuevos como los temporales que se han convertido en permanente con diferentes nombres. Y el resultado es el mismo, unos pocos tributarios pagan la mayoría de los impuestos sosteniendo al resto del país.

La mayoría de los guatemaltecos no tributa porque el nivel de pobreza no da para ello. Encima de todo le metemos trabas a las empresas existentes y a las nuevas que pretenden invertir en el país. Si queremos ampliar la base debemos hacerlo pensando en un mayor crecimiento económico para que más guatemaltecos tengan un mejor nivel de vida y puedan llegar a cierto nivel que les permita tributar y compartir el costo de tener gobierno. ¿Cómo? Simplificando la estructura tributaria por un lado y reduciendo el gasto del Gobierno.

Para todos está claro que el Gobierno debe reducir su gasto, ya que seguimos viendo muchas actividades innecesarias que no tienen que ver con su función primordial, ineficientes y corruptas que solo consumen nuestros recursos y no generan riqueza a la población. Esto implica desregular, simplificar, reducir personal, secretarías y ministerios. Sigo poniendo como ejemplo de lo más ineficiente y clientelar al Ministerio de Desarrollo. Este Ministerio no debería existir.

En cuanto a los ingresos, bien haríamos en eliminar aquellos impuestos que afectan la capitalización del país. Para poder tener un mayor crecimiento debemos permitir que la capitalización aumente. El ISR —mal llamado impuesto sobre la renta en vez de impuesto al rendimiento de capital— le hace mucho daño a los más pobres, ya que es con inversiones de capital y reinversiones que se logra incrementar las oportunidades de mejora de nivel de vida para todos. Esto a su vez se convierte en un mayor crecimiento económico. Si más gente está mejor, el gobierno también recibirá más tributos. La base tributaria se ampliará debido a una mayor actividad económica y no debido a que los pocos que siempre pagan impuestos tengan una mayor carga.

La simplificación fiscal pasa por eliminar leyes y trámites complicados que encarecen el pago de impuestos y causan una mayor evasión fiscal reduciendo la base tributaria. Es fundamental que los impuestos o el que quede sea neutro, a modo de evitar ineficiencias causadas por la mala asignación de nuestros escasos recursos. Y para reducir o eliminar la corrupción debemos evitar la discrecionalidad tal como ocurre en la actualidad con los aranceles y otros impuestos de importación.