CATALEJO

La Historia marca causas de esta tragedia electorera

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Una de las frases más absurdas —opuestas a la razón, sin sentido— pero útiles en tiempo de elecciones dentro de las sociedades de poco desarrollo lógico y educativo, es la de declarar en forma abierta “yo no soy político”. No soy político, pero aspiro a un cargo, pido el voto de muchos ciudadanos, ofrezco arreglar problemas del país… entonces ¿qué es? Sería como afirmar “no soy futbolista”, pero pido no solo jugar ese deporte, sino marcar todos los penaltis. Ello implica aceptar y afianzar la falacia de generalización imperfecta, consistente en calificar como alguien negativo, sin excepción, de quienes participan en elecciones o integran cualquier puesto público.

' Demasiados de los candidatos guatemaltecos no piensan en su relación con 25 siglos de la Historia humana.

Mario Antonio Sandoval

Como por lo general el pensamiento humano es binario —compuesto sólo de dos elementos opuestos— (blanco y negro, sin grises) entonces si todos los políticos son malos y yo quiero votos y los pido, debo afirmar no ser político, porque el deseo de todos es pertenecer a “los buenos”. Ciertamente, tal calificación generalizada se debe a la actitud de quienes se han auto calificado de políticos pero no son porque en Guatemala la abrumadora mayoría son politiqueros, quienes ejercen la política con irresponsabilidad, ignorancia, malas intenciones, contubernios y demás. Otro problema lo constituye la definición de acción ética —es decir, correcta—. Se parece a la legalidad, reducida al cumplimiento de las condiciones de las leyes, pero ajena y hasta contraria a lo correcto.

Estas consideraciones no son teóricas, abstractas o ilusas. Alguien dijo “no hay nada más práctico que una buena teoría”, y el pensamiento de filósofos, estudiosos del derecho, estadistas, etcétera, a lo largo de la Historia proporciona ideas prácticamente eternas para mantener la relación entre ética y manejo del Estado. Maquiavelo hace cinco siglos ciertamente dijo “el fin justifica los medios”, porque a veces se debe utilizar algo malo para lograr lo bueno, con los cual se coloca en la idea ética deontológica, según la cual son resultados, no las intenciones, los encargados de decidir si algo es correcto o no. Al alejarse en la Historia, encontramos a Platón (427-347) y a Aristóteles, 384.322 AC (24 siglos).

Para Aristóteles, la política es el bien supremo y la ciencia más importante, por relacionarse con las leyes justas. Pero se debe determinar cuál es la mejor forma del Estado según las circunstancias y cómo debe ser conservado. De ahí han derivado otras ideas, pero la falta de corrección de la actividad política, convertida en politiquería por la cada vez mayor cantidad de información real o mentirosa en el momento actual. Renace entonces la exigencia ciudadana por acciones correctas. Claro, de las diversas ideas sobre la sociedad derivan distintos criterios de corrección: cada uno tiene una idea propia e intuye cuándo se está haciendo lo incorrecto. Es allí donde la corrupción, a la cual los grandes pensadores no se refirieron directamente, es hoy el peor de los pecados políticos.

El desastre de las elecciones en Guatemala se explica porque los partidos, candidatos, politiqueros y demás etcéteras no conocen la historia de su actividad, tan difícil de explicar para quienes sólo desean convencer a personas desesperadas, con promesas imposibles: gobernar con decretos basados en sus decisiones y su saber y entender, regalar bolsitas con comida, meter a Dios y a la parentela, ‘etceterísima’. Se cumple otro dicho: “cada quien cree lo que quiere creer”, o “lo que necesita creer”, porque el voto es una de las decisiones más subjetivas del ser humano, único mamífero con la capacidad de tropezarse dos veces –o muchas más— en la misma piedra, con la diferencia en el caso de los chapines de no ser la misma, sino muchas parecidas, de colores y tamaños distintos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.