Por la libertad

La incomprendida función de los precios libres

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Esta semana me he sorprendido con la noticia del “posible acaparamiento y especulación de mascarillas, gel antibacterial y otros insumos médicos que están siendo investigados por la Diaco (Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor)”, según investigación de Eddy Coronado, de este medio, bajo el título “Farmacia es señalada de subir precio a mascarillas y Diaco la multa por hasta Q370 mil”.

Al final, la Diaco multó a la farmacia, no por subir el precio a las mascarillas, sino por publicidad engañosa y obstrucción de la verificación a ese comercio.

En un mercado libre, donde hay tantas farmacias y otro tipo de empresas que venden estos productos, es contraproducente controlar los precios. Si una empresa quiere acaparar un producto existen otras que lo pondrán a disposición de la población. Si el precio sube entrará más competencia y todos podrán adquirir el producto escaso. La función de la especulación es tan importante en una sociedad de personas libres y responsables como lo son los precios libres. La función de la Diaco no debe ser la de controlar precios, sino fraudes.

Me explico. Cuando la cantidad demandada de un producto supera de pronto la cantidad ofrecida de ese mismo producto, los precios suben. Esta alza de precios cumple una función muy importante, la de racionar el producto para los que verdaderamente lo necesitan. De esta manera, por un lado, quien tiene urgencia del producto lo encontrará. Por otro lado, esta alza del precio permitirá que el producto dedique más recursos a producir el producto escaso y así podrá incrementar la cantidad ofrecida hasta el punto en que se iguale a la cantidad demandada. Entonces el precio volverá a bajar indicando que ya es suficiente el producto que hay y que no hace falta que siga produciendo al nuevo ritmo, puesto que podría ocurrir que la cantidad ofrecida supere entonces a la demandada y los precios caigan estrepitosamente.

En un mercado libre, los precios permiten que todo el que quiere el producto pueda tenerlo. Ni más ni menos. La especulación es otra gran función mal entendida en una sociedad donde los precios son libres. Quien especula acaparando el producto cuando el precio está subiendo lo hace para venderlo, obviamente, a un mayor precio. Con esta acción dispondrá de producto a un mayor precio cuando los demás no tengan y podrá venderlo a quien en verdad lo necesite cuando la escasez relativa impida que otros comercios tengan el producto. Ese producto a alto precio satisface la cantidad demandada en épocas de escasez. Al entrar el nuevo producto, gracias a lo atractivo de los altos precios, el mercado se vuelve a saturar. Si el especulador se equivocó, se quedará con todo su inventario, pero si no, habrá logrado satisfacer la demanda de muchas personas que necesitaban el producto en el momento preciso.

Así, la especulación y los precios libres son los mejores aliados de las personas que de pronto incrementan notablemente la cantidad demandada de un producto. Esto funciona siempre con todos los bienes y servicios. En este caso, con las mascarillas, jabones antibacteriales y otros productos médicos, así como alimentos, gasolina, medicina, dólares y lo que usted se imagine.

¿Qué es lo que no está bien en un comercio? Que se engañe a la gente ofreciendo un producto y se le dé otro o que se indique que el precio es X y cuando lo vas a pagar te digan que ese no es. Esto no es control de precios, esto es evitar el engaño o fraude. El fraude, definitivamente, debe castigarse. Pero los precios deben permanecer libres, incluso en las peores crisis, para que el producto pueda racionarse de la manera más eficiente y alcance para todo aquel que demande.