Florescencia

La inteligencia artificial: el nuevo fertilizante rural

Mientras el país espera por carreteras, la infraestructura digital ya puede impulsar el turismo comunitario.

A las cuatro de la mañana, mientras muchos aún duermen, el joven Luin en Huehuetenango prepara su mochila. Lleva agua, linterna y un radio pequeño. Ese día guiará a un grupo de visitantes a la laguna Brava. Como la gran mayoría de los guatemaltecos, Luin es bilingüe, habla español y su idioma maya. Conoce cada sendero. Podría intentar cruzar la frontera, como lo hicieron varios de sus amigos. Pero ha decidido quedarse.


Cada turista que llega representa un ingreso para su familia. No es caridad. Es trabajo digno. Es futuro posible. Sin embargo, el turismo en su comunidad todavía es estacional. Hay meses buenos y meses en los que el teléfono no suena. El Inguat lo llama turismo emergente. Él lo llama incertidumbre. Para quienes solo ven lo “tradicional”, dicen que primero deben existir más carreteras y más inversión. Y sí, importa. Pero Luin no puede esperar años a que todo eso llegue. En el territorio donde el cero fue concebido, la innovación ha sido nuestro mejor aliado. La infraestructura digital está a nuestro alcance —hoy—. Es parte de nuestra historia y debe ser parte de nuestro futuro.


Mi suegra, Nataliya, vive en otro continente. Habla ruso, inglés y casi nada de español. Y, sin embargo, gracias a la inteligencia artificial (IA), yo la he visto en tiempo real conversando con personas que no hablan ruso. La tecnología traduce, interpreta y conecta mundos distintos en segundos. Ella usa Google Translate para romper la barrera del idioma. Con esta herramienta o similares, Luin podría atender a un turista anglosajón, japonés o francés. ¿Qué más podría hacer Luin con IAl? Podría ofrecer recorridos en varios idiomas. Podría responder consultas internacionales a cualquier hora. Podría usar análisis de datos para identificar qué tipo de turista viaja en temporada baja y dirigir su oferta hacia ellos. Podría promocionar laguna Brava en nichos globales interesados en ecoturismo, cultura viva y experiencias auténticas. Podría competir en el mundo sin salir de su comunidad.


Cuando el Estado es lento o ineficiente, las carreteras de asfalto tardan años en llegar. Pero la autopista digital está encendida y puede activarse en días. Conectividad, capacitación y herramientas de inteligencia artificial son el nuevo fertilizante del desarrollo rural. Al eliminar la estacionalidad, Luin no dependería solo de las “temporadas altas”. Podría recibir turistas todo el año. Podría planificar, invertir y crecer a nivel profesional y personal. Podría quedarse.

Si aquí hubiera trabajo todo el año, yo no me iría.


Por cada Q100 que Guatemala produce, el turismo aporta Q3, con un potencial de crecimiento enorme; las remesas, más de Q20. Esa diferencia no es sostenible porque la migración forzada rompe familias, que son el corazón de la sociedad. Dependemos siete veces más del sacrificio de quienes se vieron forzados a irse que del potencial de quienes quieren quedarse. La mejor forma de honrar el sacrificio migrante es creando oportunidades en casa. Fortaleciendo el turismo responsable con tecnología, podemos cambiar el rumbo de la migración forzada. El talento que decide quedarse es una fuerza que debemos impulsar —es el que puede ayudar a resolver los grandes desafíos del país—.


La IA es una herramienta para todos —especialmente para los creativos—. Para quienes conocen su territorio. Para quienes saben contar historias. Para quienes están dispuestos a abrir su comunidad al mundo sin abandonar sus raíces. El futuro no está únicamente en la frontera norte, también está en nuestra capacidad de invitar al mundo a nuestra propia casa.


Cuando Luin camina hacia las aguas turquesa de la laguna Brava, no necesita discursos sobre desarrollo, sino herramientas, conectividad. Necesita que la tecnología esté de su lado. Cuando combinamos identidad, turismo y tecnología, no estamos soñando. Estamos construyendo. Y cuando un joven encuentra futuro en su tierra, todo el país gana.

ESCRITO POR:

Marcos Andrés Antil

Emprendedor tecnológico, maya q’anjob’al y migrante guatemalteco. Impulsor de la educación y la transformación digital. Fundador y CEO de la compañía XumaK durante 18 años, con clientes en más de 25 países.