Catalejo

La parsimonia elimina el apoyo a la democracia

No actuar parsimoniosamente tampoco implica hacerlo sin reflexión ni racionalidad.

Parsimonia significa actuar con tranquilidad y sin prisa. Por eso se le puede considerar una característica positiva, porque en apariencia elimina las decisiones atropelladas. En política es un concepto difícil de definir, porque cuando aparece en la disminución del apoyo popular, se vuelve un problema al irse convirtiendo en un rechazo, debido al inicial aburrimiento por promesas no cumplidas. Más de lo mismo, pues, porque los gobernantes con temor, sin capacidad o deseo de ejercer las posibilidades incluidas dentro de la ley. Una característica de la presidencia de Bernardo Arévalo es su actitud de este tipo, derivada de no conocer de leyes sino de diplomacia, mezclada con un equipo de gobierno caracterizado por su mayoría de personas con poca o nula experiencia política.

La parsimonia es una negativa característica de Arévalo y del nuevo jefe del Ministerio Público.

En este momento, la actitud parsimoniosa y casi desesperante para la población en general es compartida por Gabriel Estuardo García Luna, nuevo jefe del Ministerio Público y sustituto de la diz-que-doctora en leyes Consuelo Porras, cuya trayectoria en el Ministerio Público desenmascaró sus relaciones cercanas con los dos impresentables presidentes anteriores, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei. El nuevo funcionario, de 50 años, tiene una aceptable hoja de vida como catedrático universitario, juez en Mixco y magistrado en Cobán, dos veces integrante del listado de candidatos para ocupar su actual cargo, y con relación personal cercana con Bernardo Arévalo. El error fundamental es no actuar casi de inmediato contra barbaridades jurídicas.

Dos casos de los más destacados son la falta de libertad total para el periodista Jose Rubén Zamora Marroquín, librado de una acusación pero no de la segunda, y dos dirigentes indígenas encarcelados, Luis Pacheco y Héctor Chaclán, en dos casos parecidos porque se relacionan con la libre emisión del pensamiento, tema envuelto y protegido en una ley constitucional integrada a la Carta Magna guatemalteca desde hace ya 41 años. La escogencia de Bernardo Arévalo a García Luna despertó una esperanza similar a la de su llegada a la presidencia luego de manifestaciones populares sin precedentes en mucho tiempo, y ahora en realidad víctimas de una amnesia causante de desprestigio entre sus simpatizantes y de afianzamiento del rechazo entre quienes lo rechazaron irreflexivamente.

Ambos funcionarios necesitan entender lo equivocado de estar en esa actitud válidamente calificada de choya, un guatemaltequismo ya de escaso uso actualmente pero registrado como tal en el Diccionario de la Lengua Española, libro oficial de nuestro idioma, con el significado de “flojera, falta de ganas de hacer algo”, o de “actuar muy despacio”. Se aplica en este caso y la palabra debería ser resucitada porque de ella derivan choyudo, aplicado cuando yo estaba en primaria como sinónimo de perezoso. En lo político, aumenta la fuerza de su significado y debería causar molestia a quien se la aplican, por su implicación de no tener el deseo y la voluntad de hacer un algo relacionado con las promesas de campaña, cuya fuerza equivale a la de un palillo de madera balsa.

No actuar parsimoniosamente tampoco implica hacerlo sin reflexión ni racionalidad. Pero en los casos como estos dos, el tiempo entre el resultado de la primera vuelta y la fecha de la segunda, era suficiente para tener preparadas decisiones prontas para demostrar el cambio en la acción gubernativa, sobre todo en los actos de abuso de atribuciones. El caso inicial fue la decisión presidencial de no despedir a Consuelo Porras, aunque era posible, y esperar hasta el fin de su período, aprovechado por ella para seguir con decisiones basadas en “para mis amigos, todo; para los demás, la ley”. Mientras, se acerca el inicio de la campaña electoral para las elecciones del año entrante, dirigidas por un Tribunal supremo Electoral sólo de nombre y desprestigiado.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.