Liberal sin neo

La plaza, la compra y la obra

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Publicado el

Un tema que no será objeto de atención en la discusión sobre el presupuesto es que el gobierno ha perdido el control sobre el gasto público y la ejecución presupuestaria. El presupuesto no guarda relación con las funciones primordiales o prioritarias del gobierno y se rige por la dependencia de ruta y los incentivos e intereses propios de los actores que ejercen el poder.

Aunque hay muchos canales, los instrumentos privilegiados para la extracción y el clientelismo son la plaza, la compra y la obra. La plaza consiste en el poder de otorgar un empleo en el sector público, que puede ser vitalicio y hasta heredable. El gobierno se convierte así en una gran máquina de empleo y dispensa de favores. Esta máquina solo avanza, no retrocede; el gasto y desperdicio se acumulan. Crear o llenar una plaza, no guarda relación alguna con la productividad o efectividad, términos que son ajenos a la gestión de gobierno, no figuran. El Centro de Gobierno es un ejercicio extremo de la plaza; la creación de todo un poderoso departamento y presupuesto millonario, para favorecer a una sola persona. Una exhibición de maestría para la historia, algo así como un gol de Maradona.

El gobierno realiza compras por miles de millones de quetzales cada año, que son potencialmente objeto de captura. En este proceso interceden al menos dos figuras críticas que se conjugan; la información privilegiada y el poder de decisión. La vasta mayoría de actores ignoran el qué, cuanto y cuando comprará el gobierno; algunos actores tienen incentivos para obtener esta información antes que otros. El poder de decisión sobre compras se combina con la información privilegiada para extraer beneficios. Los mecanismos de control y vigilancia son minuciosamente estudiados y eludidos con arte y creatividad. Claro que hay compras y proveedores honestos y legítimos, pero hay demasiado proceso oscuro a lo largo y ancho del gobierno, incluyendo feudos municipales, numerosas dependencias y entidades “descentralizadas y autónomas”. Mientras unos ven en el IGSS una conquista de los trabajadores, en los hospitales nacionales salud para el pueblo, en las escuelas educación para todos, otros se movilizan para convertirse en proveedores y otros más para estar en posición de decidir quién provee.

Muchos funcionarios, diputados y alcaldes son, literalmente, obreros. Si usted “apoyó” al alcalde durante su campaña, puede esperar que en el “concurso” se le adjudique cierta cantidad de kilómetros de “obra”. Hay mucho consenso en la sociedad sobre la necesidad de construir infraestructura; carreteras, caminos, puentes, puertos, escuelas, hospitales, agua potable y más. El lado oscuro de la moneda es que la obra encierra potenciales grandes negocios. La obra pública es un sistema capturado por actores de gobierno y sus cómplices. El vecino de a pie ve el rubro inversión en el presupuesto e imagina construcción y progreso; otros ven como capturar la oportunidad de obtener beneficios con acceso y cercanía al poder.

Quizás sea una visión cínica del gobierno; la considero realista. Los dos primeros capítulos de “La anatomía del estado” de Murray Rothbard, se titulan “Lo que el gobierno no es” y “Lo que el gobierno es”. En síntesis, Rothbard sostiene que el gobierno no es una agencia de servicios sociales, es una maquinaria de extracción. Hay quienes lo tildan de extremista; creo que hay bastante evidencia en apoyo de su tesis. El argumento no es que no debe haber gobierno, es que hay que ser muy cuidadosos con el poder y recursos que se le otorgan y mantener férrea vigilancia sobre él.