Florescencia

La resiliencia del guatemalteco que sostiene al país

Acortar distancias no es logística ni privilegio: es una forma concreta de unir personas, oportunidades y desarrollo.

Ante la disputa por la elección del próximo fiscal general y la captura, una vez más, de la Universidad de San Carlos, la economía muestra una cara distinta y esperanzadora.


Algunos “servidores públicos” quieren aferrarse a posiciones de poder que, en una verdadera democracia, pertenecen al pueblo. Aun así, la economía del país da señales de esperanza. En gran parte, gracias a las remesas familiares, que en marzo de 2026 alcanzaron un récord histórico de US$2 mil 442 millones, según el Banco de Guatemala. Esta cifra supera en 438 millones (21.9%) a marzo de 2025. Solo en los primeros tres meses de 2026, entraron US$6 mil 290 millones en remesas, en impulsan el consumo de millones de familias.


Esta entrada de dólares, cerca del 19% del producto interno bruto, no es solo un número económico. Es el sostén diario de más de un millón de hogares guatemaltecos. Gracias a él, se pagan estudios, se construyen viviendas, se abren pequeños negocios y se mantiene vivo el comercio local. El Banco Mundial proyecta que Guatemala crecerá 3.7% en 2026, por encima del promedio de América Latina, impulsada —en gran parte— por el consumo interno que las remesas alimentan. Sin embargo, además de remesas, aparecen motores sostenibles, como el turismo. En 2025, el país recibió tres millones 361 mil 843 visitantes no residentes, un aumento de 11% respecto de 2024, lo que generó más de US$1 mil 390 millones en ingresos.


Y es que, ante los desafíos serios del país —como empleo digno insuficiente, servicios públicos débiles y educación desigual—, hay una ciudadanía que pide organismos públicos más confiables. Pero cuando el sistema no responde, el pueblo resuelve con trabajo lo que otros no consiguen con liderazgo. Allí aparece el rostro de Guatemala. El agricultor que madruga para sembrar. La mujer que vende en el mercado. El albañil que construye bajo el sol. El joven que emprende. La madre que multiplica cada quetzal en casa. Son millones que, sin discursos ni privilegios, sostienen al país cada día.

Un país que acepta que una comunidad esté a doce horas de distancia, acepta también que el desarrollo nunca llegue ahí.


También estamos los migrantes guatemaltecos. Dejamos atrás familia, hijos, padres y parejas. Cargamos con el dolor de la separación, el estrés constante y el miedo real a las deportaciones. Solo en los primeros 75 días de 2026, Guatemala recibió 11 mil 957 connacionales deportados desde Estados Unidos, un aumento de 25.8% respecto del mismo período del año anterior. A pesar de las políticas más estrictas, del encarecimiento de la vida en el norte y del riesgo permanente, seguimos enviando dinero que muchas veces significa la diferencia entre la pobreza extrema y un futuro mejor para los que se quedan.


La resiliencia de los migrantes es la misma fuerza que mueve a millones de guatemaltecos que, dentro del país, trabajan con dignidad en condiciones difíciles. Juntos demostramos que el verdadero motor de Guatemala es el esfuerzo, el sacrificio y el amor por la tierra de quienes no se rinden.


De ahí la importancia de reconocer y dignificar el aporte del migrante con acciones y no con discursos. Las remesas de la migración forzada no son sostenibles. Ya es hora de que los migrantes tengamos voz y voto en las decisiones del país. Hoy podemos elegir presidente, pero es justo avanzar para participar también en la elección de alcaldes de nuestros municipios de origen y de diputados que realmente nos representen. Facilitar el voto en el exterior no es un favor; es justicia y también sentido común.


Guatemala crece, sí, pero crece gracias a su gente. Mientras las estructuras institucionales enfrentan sus propios retos, la resiliencia del guatemalteco sigue siendo la mejor garantía de un futuro más próspero. Es por eso que la única forma de construir un país fuerte, inclusivo y verdaderamente de todos es poner al centro a los guatemaltecos e cada decisión.

ESCRITO POR:

Marcos Andrés Antil

Emprendedor tecnológico, maya q’anjob’al y migrante guatemalteco. Impulsor de la educación y la transformación digital. Fundador y CEO de la compañía XumaK durante 18 años, con clientes en más de 25 países.