Al grano

Las elecciones de la Usac y todo eso

¿Por qué debe un campesino hacerse cargo de la educación universitaria de la que se benefician jóvenes de clase media?

En algún momento de nuestra historia las élites intelectuales creyeron que la educación superior era un factor de desarrollo económico. Así, miles y miles de contribuyentes que jamás pondrían un pie en la “Torre de Marfil” comenzaron a contribuir con sus impuestos a subsidiar la educación universitaria de las clases medias del país. Esa lógica llegó a su epítome con la Constitución de 1985, que le atribuye a la Universidad de San Carlos de Guatemala el cinco por ciento del Presupuesto de Ingresos Ordinarios del Estado.

Sobre la educación e investigación universitaria nada debe considerarse un dogma. Los ciudadanos deben cuestionar y los políticos, responder.

En la actualidad, la porción de contribuyentes que jamás verán las elegantes togas académicas ni entonarán el Gaudeamus Igitur, pero sí pagan a ese cinco por ciento, seguramente es mucho mayor que en 1985. Solo con los que pagan el impuesto al valor agregado cada vez que compran una botella de agua o cubren el importe de su tarjeta prepago ya son millones.

Desafortunadamente para ellos, el ideal de que la Usac fuera un factor de desarrollo económico —si tal cosa era posible ya en aquel entonces— ha sido erosionado hasta casi aniquilarlo por la propia Constitución de 1985 y su reforma de 1993.

En efecto, con o sin suficiente fundamento objetivo, los constituyentes (y las élites que los respaldaban) del 85 y del 93 no solo le dieron a la Usac sumas jamás soñadas de dinero, sino que ubicaron a la magna academia en el epicentro de la política partidista nacional. Para mí está claro que no lo hicieron para politizarla todavía más, sino con la, quizá, romántica intención de que los dirigentes universitarios inyectaran prudencia, racionalidad, método y visión a las postulaciones, designaciones y elecciones de tantos funcionarios clave del sistema de justicia y de control de los poderes y funciones de los órganos estatales.

Después de asistir a las batallas campales y estratagemas de una y otra facción enfrentadas en estas elecciones universitarias de rector, creo que no necesito argumentar que la Usac se ha desnaturalizado. Por supuesto, “la Usac” no existe, sino que son las personas de carne y hueso que toman decisiones individual o colectivamente representando la idea de que actúa una institución de investigación y formación superior. Y a muchas de estas personas, realmente, la actividad universitaria no les interesa en cuanto tal.

Para muchas de esas personas la vida académica es el pretexto y el conducto por el cual pueden luchar por conquistar el poder político y, una vez conquistado, ejercerlo. Por supuesto, paralelamente a la gestión de los miles de millones de quetzales que año tras año se les pone a disposición por el Estado sin importar un comino el desempeño académico de la tricentenaria institución.

Pero, nada de todo eso está escrito en piedra. Los millones de contribuyentes que pagan esos millardos de quetzales anuales no tienen por qué aceptar que el mundo es así y punto. ¿Cómo se justifica que la Usac sea un monopolio estatal? ¿Por qué debe el Estado sufragar la educación universitaria de las clases medias del país? ¿Qué hace una institución de investigación y formación superior metida en política partidista? ¿Por qué debe un campesino, al comprar una lima para su machete, subsidiar a un joven que viaja en automóvil de su casa al banco en que trabaja y de ahí al campus de la Usac?

Son todas cuestiones válidas a las que los políticos deben dar respuesta y lo ciudadanos, exigirlas.

ESCRITO POR:

Eduardo Mayora

Doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona y por la UFM; LLM por la Georgetown University. Abogado. Ha sido profesor universitario en Guatemala y en el extranjero, y periodista de opinión.

ARCHIVADO EN: