Mirador

Lo fácil es reaccionar, lo difícil es empezar

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

Tenemos nuevo gobierno desde hace una semana, una administración pública renovada. Superada —y casi olvidada— la vergüenza que nos hizo pasar el saliente hasta el último día: retraso en el relevo, toma de posesión de cargos en el Parlacén con nocturnidad para mantener la inmunidad y otras cuestiones no menores, la ciudadanía pasa de aquellos inútiles para concentrarse en lo importante: el porvenir de todos y del país que integramos.

El presidente Giammattei había anunciado que tomaría decisiones contundentes y trascendentes desde el primer día, y no ha dejado de hacerlo. Ha roto relaciones diplomáticas con Venezuela sin tibieza, que es lo que hay que hacer con las dictaduras y no jugar —como es costumbre hemisférica— con medias tintas y retóricas de sumisión. El ministro de Relaciones Exteriores ha derogado la norma sobre política de rotación y traslados que dejara su antecesora y ha anunciado el relevo de la caterva de inútiles, aprovechados y parientes de quienes les hicieron favores en su momento, y que conforman una parte del plantel diplomático nacional en el exterior. Solo queda esperar a que sean cesados y regresados al país y a sus casas, porque su capacidad no les permite ocupar puestos públicos. Declaró el estado de Prevención en dos municipios con altos índices de criminalidad —extorsiones en concreto— y lo hizo temprano, sin que le temblara la voz, y justificando claramente la acción que, a la postre y en política, tiene un valor preeminente entre los factores que concurren en la toma de decisiones. No ha hecho uso del Twitter ni de las redes sociales, como es costumbre en otros, pero ha dejado claro que seguirá actuando a pesar de que algunas cuestiones puedan criticarse, comentarse o afinarse.

No faltan, sin embargo, quienes han censurado la acción de persecución contra grupos criminales organizados en Mixco y San Juan Sacatepéquez ¡Una pena que personajes cercanos a la izquierda ideológica —porque ahí militan— mantengan esos discursos trasnochados que tanto daño han hecho en muchos lugares, y de los que la historia da muestras suficientes! Y es que siempre están presentes aquellos que se manejan crítica y mediáticamente con descalificaciones permanentes.

Dar continuidad a políticas requiere de una decisión firme, pero implementar nuevas políticas públicas es todo un acto de valentía. Debemos tomar conciencia de que estamos realmente mal en muchas cosas y sin tener que echar mano justificativa del pasado, tenemos que emprender acciones difíciles a futuro. La delincuencia campea a sus anchas por la mayoría de los municipios del país, la economía informal —que no paga impuestos directos— es norma de conducta para muchos, la educación está estancada por un sindicato corrupto y depredador —al igual que la salud y otros sectores— y lo que nos pueda parecer más avanzado no supera límites aceptables en muchos lugares.

Es tiempo de empujar o jalar —según el lugar del carro en el que se sitúe—, pero hay que dejar de quejarse y justificar que todo podría ser mejor si hubiese pasado tal o cual cosa. Esos argumentos, por cierto, esgrimidos en la conformación de la junta directiva del Congreso, nos anclan en el dilema nacional perpetuo: elegir entre dos males, sin darnos cuenta de que de ahí solo se sale evidenciando a los inútiles y provocando condiciones para que ellos mismos se vayan o el sistema los rechace.

¡Hagamos lo difícil: empezar a ser nosotros mismos! Es hora de mirar hacia adelante con esperanza y prudencia, y focalizar las energías en proposiciones y no en críticas, aunque no hay que dejarlas a un lado definitivamente, para no perder el buen rumbo.