Catalejo

Los cobardes ataques de todos los netcenteros

Mario Antonio Sandoval

El miércoles de esta semana, el doctor Alejandro Giammattei decidió conceder una entrevista a Guatevisión. La considero adecuada, sin ataques ni preguntas demasiado duras, por lo cual pudo expanderse y mencionar de nuevo algunas de las declaraciones de otras veces. Se sintió bien, obviamente, e incluso ofreció aceptar otra próxima. Para mi sorpresa, a los tres minutos de terminada recibí dos mensajes, evidentemente netcenteros, dedicados con exclusividad a tratar de denigrar a la periodista Alejandra Álvarez, acusándola de malcriada e irrespetuosa, pero no mencionaron a Antonio Barrios, el otro integrante de la pareja de periodistas enviados a conducir las preguntas.

Esta “casualidad” me obliga a explicar qué es una entrevista periodística. Se trata de un diálogo entre un representante del pensamiento de muchos ciudadanos y un funcionario público, en este caso. Lleva la batuta quien la hace y se debe recordar el aforismo periodístico según el cual no hay preguntas malas, ni inconvenientes, sino respuestas irreflexivas a estos interrogantes. El entrevistado tiene el derecho de no contestar, pero no simplemente quedándose callado, sino diciéndolo. Su respuesta es señalar la decisión de no responder. Por aparte, la vestimenta dice mucho: los participantes no pueden estar mal vestidos, mal sentados, en especial si son altos funcionarios.

Por haber netcenteros contratados por sectores afines al gobierno, estas críticas por contrato muchas veces se delatan por estar muy bien escritas y en algunos casos hasta repetir las mismas palabras. El efecto es contraproducente, entonces, y para el gobierno, asumiendo su inocencia en esta táctica, no le permite saber la real reacción popular. Alejandra, sobre todo, hizo bien su trabajo, y por eso puedo afirmar públicamente mi apoyo a cómo trabajó. Antonio también cumplió con la tarea, pero al haber participado por más tiempo se ganó la diatriba de los netcenteros y algunas críticas verdaderas. No fue complaciente, pero tampoco irrespetuosa y poco profesional.

2. Siguiendo el tema de los netcenteros financiados, el doctor Edwin Asturias también ha sido objeto de críticas anónimas, algunas basadas en haber atendido profesionalmente a personas a quienes algunos sectores atacan, algunas veces con razón. Pero es absurdo señalar a un médico de simpatizante de alguna ideología porque supuestamente atendió en lo profesional a alguien. Equivale a llamar cucurucho a un doctor cuando atiende al cura de la hermandad de un Nazareno. No ha empezado a trabajar y ya comienza a ser utilizada con él la desafortunada cultura de la descalificación. No ha iniciado su tarea y ya le está cayendo palo. Es lamentable y descorazonador.

El doctor Asturias llega a Guatemala pensando en cambios en la forma de ser de los guatemaltecos. Por desgracia, no es así. Su tarea es complicada porque no es exclusivamente médica, sino también económica y social. Las tres deben tener un balance dictado por la realidad chapina en estos campos, difíciles cada uno, y sobre todo complicadísimos cuando se presentan en un trío en la irreal realidad de Guatemala. No puede evitar, eso sí, alzar su voz contra la corrupción y de seguro tiene la sagacidad para sospecharla, en especial porque en este país cada vez es más evidente y burda. El presidente ya ha declarado públicamente su apoyo y ahora le toca ampliarlo a otros funcionarios y sectores.

Un problema adicional lo tiene en la necesidad de distanciarse de la Organización Mundial de la Salud, ahora de prestigio precario a causa de quien la dirige, cuyo único camino es renunciar para salvar la institución. Pero eso es otro tema. Por aparte, aplicar a la realidad guatemalteca las decisiones tomadas en otras culturas y países, tanto en este continente como en el mundo. Y sobre todo, pedir ayuda a sociólogos y a conocedores de la cultura indígena para saber cómo dirigirse a quienes necesitan obedecer, pero sobre todo entender, las razones de las órdenes para terminar con la pandemia. Por eso, la tarea de los guatemaltecos de buena voluntad es desearle éxitos. Si falla, fracasa el país.