Catalejo

Los tiempos recios siguen tan campantes

Mario Antonio Sandoval

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Toda novela es una obra literaria narrativa y el autor puede convertir todo o parte del texto en una ficción, es decir un producto de la imaginación y la creatividad. No es una mentira, porque su meta no es engañar. Pueden haber personajes inventados, o históricos a quienes se les atribuyen acciones. Es distinta a una obra histórica porque el historiador tiene el fin de referir lo ocurrido, mientras la novela histórica aumenta de validez conforme su tema es más lejano. Tiempos Recios, de Mario Vargas Llosa, será histórica para el 90 o más por ciento de la población actual, por ocurrir en épocas anteriores a su nacimiento. La duda con este tipo de obras se refiere a cuándo termina la historia real y comienza la ficción literaria. El autor no puede afirmar hechos importantes no ocurridos, pero sí especular sobre realidades.

Tiempos Recios ocurre entre 1950 y 1957, cuando Jacobo Árbenz fue derrocado por Carlos Castillo Armas, quien presidió Guatemala desde 1954 hasta su asesinato, el 26 de julio de 1957. Los guatemaltecos hoy setentones o más —3.5% de la población— entonces eran niños, adolescentes o adultos jóvenes. De ellos, un porcentaje muy pequeño recordará esa época, enmarcada en la tan larga Guerra Fría, en la cual destacaba la existencia de la Unión Soviética, derrumbada en 1989. Mucho de lo expresado por el libro fue conocido: como era la omnímoda United Fruit Company, presidida por Allen Dulles, cuyo hermano era el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Foster Dulles. Se conoció también el involucramiento del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo y su casi segura participación en el magnicidio.

En las intrigas entre los grupos de la revolución de octubre y la enemistad entre Castillo Armas y Árbenz, a quien califica de alcohólico, desde su posición actual de ardiente defensor del liberalismo señala entretelones de la política exterior estadounidense. La novela, por tanto, no puede calificarse de panfletera izquierdista. Llega al país cuando hay una división entre los autonombrados “anticomunistas”, acusadores de “comunistas” a quienes ven desde otro ángulo la realidad de entonces y la de hoy en la tumultuosa historia nacional. Es fácil predecir ataques y descalificaciones. Como historiador, Vargas Llosa no puede cambiar hechos, analizados los criterios actuales. Sus ficciones literarias encajan en la historia, además de ser expuestos con amenidad. Pero se trata de una relación ficticia y por eso es literatura, no historia.

Vargas Llosa tomó muy en serio la parte de conocer lo más a fondo posible los hechos y personajes históricos, a través de documentos. Vino a Guatemala casi en secreto, hace un año, y encontró apoyo de la directora de la Hemeroteca Nacional, María Eugenia Gordillo, a quien dedica un agradecimiento compartido con otras personas que le proporcionaron documentación y detalles, e incluso lo acompañaron a recorrer la frontera entre Honduras y Guatemala para conocer los lugares donde ocurrieron las batallas. Al leer Tiempos Recios regresé a mi infancia, a recordar el temor causado en mí por los aviones liberacionistas proporcionados por Estados Unidos, y al leer los nombres de tanto personaje histórico guatemalteco, algunos de mala reputación, recordé las conversaciones con mi padre, conocedor de entretelones por su tarea periodística.

En cuanto al lenguaje, Vargas Llosa a veces desciende en el nivel, pero eso es parte de su libertad literaria. Algunas de sus frases son aplicables hoy: “un país muy bello con una riquísima historia pero lleno de terribles injusticias”, “la frutera había conseguido gracias a la corrupción de los gobiernos de Guatemala —los dictadores sobre todo— contratos lesivos que ninguna democracia moderna aceptaría”. “En Guatemala la historia retrocedía a toda carrera hacia la tribu y el ridículo”. El libro debe leerse con espíritu de entender, conocer y comprender circunstancias históricas de hechos irrevertibles. Permite conocer a personajes desconocidos, como Edward Bernays y Sam Zemuray, zares del imperio verde, por “sobornar a autoridades y engañar a campesinos e indígenas ignorantes, y negociando con dictadores corruptos, aprovechando su codicia o estupidez…”