Catalejo

Los ya olvidados migrantes guatemaltecos

Mario Antonio Sandoval

La magnitud de los problemas nacionales causa el rápido olvido de los migrantes indocumentados guatemaltecos en Estados Unidos. La acción legal pero inhumana ha causado inaceptables efectos como: la separación de madres e hijos pequeños y su envío de estos a poblaciones situadas a cientos o miles de kilómetros. Nadie parece fijarse en el efecto, tal vez imposible de solucionar, en la psicología infantil. Las redadas policiales realizadas en Misisipi hace ya un año y dos meses es ejemplo doloroso porque ellos subsisten gracias a la ayuda económica, moral y emocional de organizaciones comunitarias y abogados voluntarios. Según un trabajo de la periodista Sindy Espina, la radio pública de Hawái informó del traslado de 40 familias de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños. En un país donde hubiera autoridades reales en el campo de las relaciones internacionales, ya se habrían tomado acciones. Aquí, no.

Según la radio, algunos han recibido boletos de avión para Hawái y una cita para comparecer en Honolulú ante un tribunal de inmigración. La mayoría no habla inglés y en esa isla es relativamente escaso el número de hispanoparlantes. La cancillería guatemalteca, en la luna. Me recuerda un caso ocurrido hace muchos años en Florida, donde un grupo de mames huehuetecos se había trasladado sin documentos a plantaciones de naranjas en Florida. Para comunicarse con ellos fue enviado alguien de origen cubano “porque hablaba español”. Por supuesto, el escaso nivel del idioma español de los emigrantes más el acento y modo de hablar cubano provocó el fracaso. Francamente, no me puedo imaginar a quién y sobre cuáles bases e intenciones se le ocurrió semejante idea. Se solidifica el criterio de quienes ven a un Estados Unidos desbordado por la obsesión de una victoria electoral del oficialismo dentro de un año.

 

Confesión

El jefe interino del gabinete de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, en una declaración muy parecida a una confesión, admitió sin ambages la actual política personal del mandatario Donald Trump de retener la asistencia a los países cercanos con el fin de lograr cambios en las políticas de migración de los países del triángulo norte de Centroamérica. En realidad, solo comprueba una acción evidente y explica en parte la negativa de México para implantar la idea de terceros países seguros. Pero también anunció más “influencia política en las relaciones exteriores” y agregó: hacemos eso todo el tiempo. Con esa luz, nadie puede perderse ni ser criticado por señalar su oposición a esa idea. —A mi juicio equivocadas, abre la puerta a la búsqueda de colaboración en países de otras latitudes e intereses, no necesariamente bien intencionados, pero dispuestos a aprovechar la oportunidad otorgada por los momentos políticos estadounidenses.

 

Un país sin cortes

Es imposible vivir en un país, menos desarrollarse sin una Corte Suprema de Justicia formal y materialmente íntegra. Internacionalmente, están desacreditadas las cortes y la de Constitucionalidad, porque esta última no tiene la calidad de hace algunos años. Por todo esto, nadie puede darse el lujo de invertir en Guatemala. Tal desorden solo enseña que como país no respetamos los derechos humanos: no tener órganos judiciales integrados y confiables es prueba inequívoca —entre otros defectos— de falta de presunción de inocencia, fundamental para el Estado de Derecho. Tal presunción no existe porque ni siquiera hay cortes para decidir al respecto. Entender esto es fundamental para comprender la magnitud del desastre provocado por esta gravísima situación. Son numerosísimos los casos de injusticias causadas por la ausencia larga o temporal de veredictos judiciales. Pero ahora se acerca el regreso a la ley de la selva.