Catalejo
Malignidad y estupidez en eliminación del IUSI
El Congreso se metió en un pantano, porque en este momento ya no les es posible abolir esa decisión.
En la actualidad existen dos corrientes ideológico-económicas al respecto de los impuestos. Una los considera necesarios y apoya su aumento, mientras la otra insiste en su eliminación, o al menos una reducción al mínimo, porque a su criterio equivale a un robo del Estado. Los primeros no analizan los resultados de hacer esto, porque la lógica indica como uno de los papeles estatales dedicarse a la educación pública en cualquier nivel, la seguridad, la defensa del país, las comunicaciones terrestres de cualquier clase, entre otros. Esta posición no necesariamente rechaza la posible acción de personas e instituciones del sector privado. Los segundos se colocan en la posición extrema de eliminar lo estatal y dejar estos servicios sociales a la empresa privada, dirigida al lucro.
La eliminación del IUSI es en realidad una prueba de la escasez intelectual de la mayoría de integrantes del Congreso.
Cuando un Estado elimina un impuesto, antes de alegrarse es necesario meditar quiénes serán los más beneficiados por esa decisión, debido a la realidad económico-social de un país y de los calendarios de hechos políticos, como las elecciones. Los inmuebles, si son casas, reflejan una enorme variedad de posibilidades. No es lo mismo una vivienda en algún barrio marginal popular, a otra asentada en áreas residenciales medianas, de lujo o alto lujo y elevados precios de la tierra y la construcción. Un ejemplo parecido es el de las placas de los vehículos particulares: el pago de la placa de un carro de diez o quince más años de edad, ya no asegurable, a otro modelo del año y de marcas lujosas europeas, japonesas o estadounidenses. Nadie puede oponerse sin caer en el ridículo.
Entonces, al haber sido eliminado el IUSI el Estado deja de percibir una cantidad reducida por ser de casas de poco precio, pero esta será enormemente multiplicada por viviendas cuyo valor puede llegar a millones de quetzales. Por eso, los principales beneficiados son los propietarios de estos autos y casas de lujo, pues se les perdona ese caro IUSI a quienes pueden pagarlo sin problemas. Peor aun, quienes se ahorran poco dinero con sus propiedades populares, pronto se les desaparece al aumentar el precio de los artículos de primera necesidad, del boleto del autobús, cuota de colegios privados a donde mandan con esfuerzo a sus hijos. Las empresas pequeñas y mini (tiendas de barrio, por ejemplo, deben pagar el 9 por millar, como las de tamaño grande o muy grande).
Lo decidido por el Congreso es una burla y busca lograr votos favorables en las elecciones próximas. Los diputados recibieron órdenes de alguno de los partidos y sobre todo de los diz-que partidos pululantes como hormigas o zompopos en el hemiciclo, receptores de mínimos porcentajes de votos y perfectos desconocidos para los ciudadanos. Evidentemente, la eterna candidata de UNE, Sandra Torres, se esconde detrás de esto porque quiere afectar al oficialismo pero perderá a las alcaldías municipales, cuyos ingresos mermarán. Los alcaldes se desprestigiarán y disminuirá su papel para acarrear votantes y de asistentes a las plazas. Será tiro por la culata para ella y quienes apoyen crean mantener su influencia, reducida al no haber suficientes fondos, claros u obscuros.
Sin embargo, es posible un éxito si obtiene donativos de personas adineradas e interesadas en mantener al país en su actual tragedia. El Congreso se metió en un pantano, porque en este momento ya no les es posible abolir esa decisión, pues la reacción de los sectores populares sería contraria, a causa de la dificultad de muchos ciudadanos por tener claro este absurdo. Los beneficiados por tener propiedades caras o muy caras, no saldrán a defender públicamente la decisión, por tener para más desprestigio, tanto para ellos como para el Congreso y a sus integrantes. Se continuará también con la terrible realidad de no lograr el interés de suficientes ciudadanos probos interesados, y esta lacra quedará incólume. En resumen: malignidad y estupidez.