Catalejo

Me uno a la exigencia de esos 128 colegas

Mario Antonio Sandoval

Un total de 128 periodistas, representantes de todas las manifestaciones de esta importante, incomprendida, insultada y sobre todo riesgosa profesión, incluidos quienes difunden su pensamiento por medios electrónicos y redes sociales, firmaron el martes por la noche una muy respetuosa pero igualmente firme exigencia al respeto a la libertad de prensa. No pude firmarlo porque, aunque recibí el texto, no abrí el mensaje sino hasta el día siguiente. Manifiesto mi adhesión, por ser evidente la amenaza al ejercicio periodístico. De los signatarios, conozco a 32. La mayoría del resto, estoy seguro, son jóvenes de menos de 40 años, cuyo entusiasmo por ejercer la profesión no les permite valuar el potencial riesgo de su trabajo cuando un gobierno se vuelve tirano.

En los principios de mi largo caminar por el periodismo me tocó ver a muchos colegas asesinados por los izquierdistas y por los derechistas, conceptos en realidad vacíos de contenido y sobre todo maniqueos, donde hay lugar para los matices. Por eso cuando vi las fotos y videos del ataque a Carlos Sebastián, con la cara ensangrentada, su cámara destruida, rodeado de antimotines, despertaron esos recuerdos pero también me acordé de los periodistas de provincia víctimas de sicarios enviados por alcaldes y diputados. Me ofendió sobremanera la anónima, cobarde, grotesca y perversa caricatura llegada por redes sociales, en la cual aparece un vándalo lanzando una bomba terrorista, pero con una cámara fotográfica colgada al cuello. O sea: el periodista es terrorista…

Los comunicadores fueron atacados en las calles y los pacíficos manifestantes en el parque central. Hay cientos de videos y fotos. El ministro de Gobernación, a mi criterio con personalidad necesitada de urgente ayuda psicológica, así como el jefe de la Policía, afirmaron por separado ignorar quién dio la orden del ataque a la población. En cualquier país esta confesión hubiera significado el inmediato despido, por ser responsables. Al quedar en los puestos, esto recae en Giammattei, quien antes de asumir afirmó a CNN: “Voy a estar dando la cara a la prensa. Si me quiero ganar la confianza de la población es a través de ustedes, los comunicadores sociales, porque un gobierno que no comunica es un gobierno que no gobierna”- Cinismo y humor negro…

La prensa es una abstracción. Existen medios de comunicación, reporteros, directores, columnistas, todos seres humanos con sus cualidades, defectos y tan divididos como cualquier otro sector social. Los políticos les temen porque la credibilidad periodística es superior. Con todos sus defectos, es la mejor forma disponible de informarse, apoyar o rechazar criterios, y escoger cuál interpretación de los hechos creer, según alguna base filosófica o ideológica. Silenciar opiniones y noticias es absurdo, sobre todo ahora, cuando la multiplicidad de formas de comunicación es imposible de controlar. Los contubernios ya no funcionan. En este nebuloso ambiente se vuelve sumamente peligrosa la incapacidad intelectual y la estulticia de quienes ejercen cargos públicos.

Es trágico para quien ejerce el periodismo relacionado con la vida política recibir una felicitación de algún politiquero, y un premio ser insultado por alguno de ellos. Tal es la realidad en países como Guatemala. Insto a los colegas a seguir en esa lucha, conscientes del riesgo y sabedores de los abominables motivos. Desde 1985 no habían ocurrido, pero esos 35 años terminaron: el ataque al Congreso no fue espontáneo ni ajeno al gobierno. Los colegas recién iniciados deben comprender estas reglas no escritas y decidir mantenerse o retirarse de esa muy posible línea de fuego. El periodismo produce satisfacción por el deber cumplido. La reacción gubernativa demuestra la cercana derrota de una clase polítiquera cuya desintegración urge a Guatemala.