Florescencia

Mipymes

Tres décadas atrás, igual que miles de guatemaltecos, tuve que migrar a Estados Unidos debido a la guerra interna que azotaba a todo el occidente de Guatemala. La muerte asediaba a las familias. Hoy, entre otras razones, la situación económica se ha convertido en la principal causa del éxodo de nuestros compatriotas y con él hay una dolorosa fuga de talentos. Con frecuencia me he cuestionado por qué tanta contradicción en nuestro país. Cuesta entender por qué con tanta riqueza, potencial humano y posición geográfica envidiable, no logramos salir de la pobreza. Es indiscutible que debemos cambiar nuestro enfoque actual para transformar la realidad de más del 60% de la población que vive en pobreza.

Si vemos, la economía de Guatemala ha registrado un crecimiento de alrededor del 3% al año en la última década. Aunque eso significa una relativa estabilidad, este nivel no ha sido insuficiente para lograr reducir la desigualdad y pobreza. Hay que ser conscientes de que esta “estabilidad” tiene como gran pilar las remesas migrantes, que no constituye un pilar de sostenibilidad a largo plazo, pero sí una gran ayuda.

¿Cuál debería ser nuestro enfoque, para mejorar la situación económica de todos los guatemaltecos? ¿Qué podemos aprender de otros países, adaptado a nuestra realidad? Uno de los grandes modelos viables es enfocarnos en las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipyme). En otros países que saben de esto, hay planes de apoyo desde cero. En nuestro país, las mismas adversidades han forjado en los guatemaltecos un espíritu de emprendimiento. No tenemos que comenzar de cero. Pero sí expandir las posibilidades.

Hoy por hoy, de hecho, el parque empresarial de nuestro país está conformado en un 90% por Mipymes. Estas también son responsables del 85% de los puestos de trabajo, representan el 35% del producto interno bruto (PIB) y aportan un 30% de impuestos. Esto quiere decir que, si queremos lograr un verdadero impacto de la economía de nuestro país, nuestro enfoque debe ser el empoderamiento de las Mipyme; darles las herramientas para su crecimiento y para trascender al mercado internacional. Necesitamos aprovechar que tenemos a la par al mercado más grande del mundo.

No se trata de descuidar a la gran empresa. De hecho hay que seguir impulsando su desarrollo, pero también reorientar las políticas económicas de nuestro país en sectores como la Mipyme para ampliar la base de compañías en crecimiento, potenciar nuevos emprendimientos, la innovación, el respeto a la propiedad intelectual e impulsar la educación científica y tecnológica.

Esto nos brinda una gran oportunidad de la descentralización de las empresas. Notemos que hoy, poco menos del 50% de la población vive en el área rural, pero el 44.3% de las empresas se ubican en el departamento de Guatemala —el 90% de estas, grandes—. Luego, el 5.6% en Quetzaltenango; el 3.9%, en Escuintla y el 3.6%, Sacatepéquez. Cada departamento tiene sus propias riquezas y, por consiguiente, su propia fortaleza para atraer inversión que necesitan ser potenciadas.

El nuevo gobierno debe abrir las puertas a un futuro de crecimiento, con incentivos fiscales graduales y conexión económica al mundo, a fin de facilitar la capacitación, la formación de talento humano a través de becas y con un plan de desarrollo de Mipymes que trascienda más allá de una administración. Con una economía nacional fuerte, nadie tendrá que migrar ni separarse de su familia o sacrificar su vida para alcanzar sus sueños. Pero para eso se necesita de un Ejecutivo y un Congreso dispuestos a aceptar el reto de ir más allá de la coyuntura actual. El panorama es sombrío, pero no podemos resignarnos: hay que avanzar.