Por la libertad

Narcoguerrilla

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El cobarde asesinato de tres soldados en el Estor, Izabal, la semana pasada ha indignado a todos los guatemaltecos. La indignación es grande porque los soldados habían bajado sus armas ante la población civil, pero en ese momento sus asesinos aprovecharon para matarlos. Estaban infiltrados y escondidos entre la población civil.

Esta violenta forma de operar es típica de los narcotraficantes. Quieren que los territorios donde operan estén libres de personas que puedan fastidiar sus negocios. En el caso de Guatemala, los departamentos de Izabal, Petén, Alta Verapaz, Baja Verapaz, Quiché, Zacapa, Huehuetenango y San Marcos están dominados por la narcoguerrilla. Esta gente amenaza a pobladores en caso de que no colaboren con ellos y los premian cuando si lo hacen. ¿Cuál colaboración? Invadir y ocupar fincas claves para sus operaciones, oponerse fuertemente a la presencia de las fuerzas armadas y de seguridad del país, esto es Ejército y Policía, y mantener la zona libre de intrusos para el aterrizaje de avionetas cargadas de drogas que vienen de Venezuela y Colombia con destino final a Estados Unidos.

En estas zonas la ausencia de seguridad y justicia es notable. Y por eso ahora el presidente de la República, Jimmy Morales, decretó estado de Sitio a modo de poder reestablecer la seguridad y justicia en la región.
¿Cuál es el origen del problema? La prohibición que existe sobre las drogas. Desde que Nixon, en 1971, declaró “la guerra contra las drogas” y autorizó la fuerza para combatir la producción, distribución, venta y consumo de las drogas, miles de personas han muerto, muchos de ellos que nada tenían que ver con este asunto, pero que estuvieron precisamente en lugares donde los narcotraficantes llevan a cabo sus operaciones de tránsito de droga hacia Estados Unidos.

Esta prohibición ha encarecido tanto el precio de las drogas que ha atraído a los peores criminales y mafias del mundo entero a meterse a este negocio. No tienen piedad ni escrúpulos a la hora de cumplir con sus objetivos y cualquiera que se meta en el camino o es sobornado o es eliminado cruelmente. Mientras más se ataca a los narcotraficantes y se les decomisan drogas, más difícil se vuelve la guerra contra ellos, ya que el precio sube y aparecen otros narcotraficantes ocupando el lugar de los desplazados. La corrupción de policías, jueces, militares, diputados, ministros y presidentes es común por parte de los narcotraficantes.

La guerra contra las drogas es una guerra perdida. Si Estados Unidos no elimina la prohibición, Guatemala y el resto de los países del mundo muy poco podrán hacer. Mientras tanto, seguiremos siendo un país de tránsito que pagará con muertes la droga que de cuando en cuando se logra decomisar. La guerra contra las drogas es desigual. Las armas que tiene el Ejército son inferiores a las de los narcoguerrilleros. Encima de todo, Estados Unidos exige que Guatemala detenga a los narcotraficantes, pero a la vez le ha prohibido la venta de modernas armas. Es una contradicción enorme puesto que el que ha causado todo este problema ha sido Estados Unidos con su inútil y ridícula guerra contra las drogas.

En fin, mientras esta guerra no se acabe se deberá tratar de reestablecer el orden y justicia en estas áreas. Estoy seguro de que se van a atrapar algunos líderes criminales y se reestablecerá el orden. Pero me temo que luego que volvamos a la situación normal, volveremos al caos actual pues otros tomarán su lugar, ahí y en otras partes de nuestro país.