Liberal sin neo

Necesitamos héroes

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

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El HMS Birkenhead fue uno de los primeros barcos de vapor con corteza de hierro construidos para la Marina Real de Gran Bretaña; zarpó de Portsmouth en enero de 1852 con destino a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, con aproximadamente 638 personas a bordo, la mayoría de ellas soldados. La noche del 26 de febrero, a 140 kilómetros de su destino, el Birkenhead colisionó con una roca que no aparecía en los mapas; se abrió un enorme boquete que dio entrada al agua e inmediatamente ahogó a cerca de cien marinos en sus camarotes mientras el barco se hundía. El barco fue azotado por las olas nuevamente contra la roca y se partió en dos. El teniente coronel Seton, en ropa de dormir y sable en mano, ordenó a la tropa sobreviviente a formar filas en cubierta mientras, horrorizados, cayeron en cuenta de que solo dos de los ocho barcos salvavidas eran utilizables. La tropa se mantuvo en filas, en estoico silencio, mientras las mujeres, niños y civiles eran los primeros en abordar los barcos salvavidas. Solo 193 personas sobrevivieron; la caballerosidad de los soldados dio origen al conocido protocolo de “mujeres y niños primero” al abandonar una nave que naufraga. Un poema de Rudyard Kipling inmortalizó la historia que describe los niveles de coraje y sacrificio que el hombre es capaz de exhibir en circunstancias desesperadas.

Escuché la historia del Birkenhead en una charla de Neil Oliver (Smith Lecture, 2021), titulada El ataque a nuestra historia y cultura, en la que discute los peligros asociados a desinfectar el pasado, el revisionismo histórico y la tendencia a juzgar las leyendas, historias y héroes de antaño con los códigos morales de moda en el presente. Investigué más sobre la historia del Birkenhead y encontré que los soldados que transportaba se unirían a la 8ª Guerra Xhosa, un conflicto entre el Imperio Británico y las tribus xhosa, en la colonia del Cabo, que se llevó a cabo de 1850 a 1853.

En vista del lente posmodernista con el que se analiza actualmente la conquista de territorios africanos por parte de imperios europeos, al igual que la colonización de Mesoamérica por parte de españoles, surge la duda sobre cómo interpretar la historia del Birkenhead. La interrogante es si los soldados que abrazaron la muerte por mantenerse firmes en la cubierta del barco para que se salvaran los más vulnerables siguen siendo héroes a pesar de estar en ruta a luchar en una cruel guerra de colonización. Sí, siguen siendo héroes y forman parte de una historia que merece ser contada y transmitida de una generación a otra.

Todas las culturas tienen héroes en sus mitologías e historias, ya sea Gilgamesh, Hércules, David, Boewulf o los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué del Popol Vuh. No todos los héroes en la historia han sido necesariamente buenos, aunque sí extraordinarios, como señala Scott LaBarge (2000); el héroe amplía la percepción de lo que un ser humano es capaz de alcanzar. Hoy en día es mucho más difícil separar lo heroico de lo moral, pero quizás tiene valor no abandonar su asociación original con posibilidad, coraje, honor y las cualidades más nobles del ser. Necesitamos héroes porque ayudan a definir los límites de nuestras aspiraciones; los ideales se definen por los héroes que se escogen y, en gran medida, las personas y su entorno social se definen por sus ideales.

Es demasiado fácil sucumbir al cinismo relativista de que el héroe de unos es el villano de otros, y todo depende de qué lado cuenta la historia. Es fácil perder de vista la importancia de distinguir entre el éxito y el heroísmo; necesitamos ambos, sin confundirlos.