Por la libertad
No es el petróleo, es el dinero
Dado que muchos países están incrementando su gasto público, debemos exigir que no recurran a la emisión monetaria del banco central para financiarlo.
¿Es el precio del petróleo inflacionario? Para responder a esta pregunta, debemos definir bien qué entendemos por inflación. La definición más popular —aunque la que menos me gusta— es el aumento sostenido y generalizado de los precios. Tal como se mide actualmente, el alza en el precio del petróleo y sus derivados sí impacta la inflación. Sin embargo, cuando esos precios bajen nuevamente, también lo hará el índice inflacionario que publican las instituciones gubernamentales.
La definición de inflación que considero más apropiada es la de la escuela austríaca de economía: el aumento de la cantidad de dinero más allá de su demanda.
Por eso no me convence esta definición, ya que solo refleja fluctuaciones de precios provocadas por factores temporales, como la guerra contra Irán o el cierre del estrecho de Ormuz. No todos los productos subirán de precio, pero sí lo harán el petróleo y sus derivados, incluyendo plásticos, fertilizantes, entre otros.
Recordemos que el mercado no es estático, sino dinámico, y estas alzas en el precio del petróleo están provocando que el resto del mundo incremente su producción, tanto de crudo como de sus derivados. A la vez, hace que la gente trate de consumir menos cantidad de los productos cuyo precio se incrementó. Cuando la guerra se resuelva, es de esperar que los precios caigan con rapidez, posiblemente incluso por debajo de los niveles previos al conflicto. En ese sentido, las definiciones y mediciones comunes de la inflación no son más que el reflejo de fluctuaciones de precios, donde el impacto del petróleo dependerá de su ponderación dentro del conjunto de bienes medidos.
La definición de inflación que considero más apropiada es la de la escuela austríaca de economía: el aumento de la cantidad de dinero más allá de su demanda. Esto solo puede ser causado hoy en día por los gobiernos, a través de emisiones monetarias descontroladas o metas de emisión por encima de la demanda de dinero. Esta última no se puede controlar y es difícil de determinar.
El gasto público creciente de los gobiernos es una de las causas de la inflación cuando se financia mediante los bancos centrales. En Guatemala existe una importante restricción constitucional que prohíbe financiar al gobierno a través del Banco de Guatemala. Lamentablemente, la ley contempla una excepción: cuando hay mayoría calificada en el Congreso, se puede romper esta regla y financiar al gobierno desde el banco central. Esto ya ocurrió durante la pandemia, y el temor es que vuelva a suceder, debido a la irresponsabilidad de algunos políticos.
Si los precios del petróleo y sus derivados suben por causa de la guerra, las personas ajustarán su consumo: reducirán la compra de estos productos o recortarán otros gastos según su presupuesto. De esta manera, la economía se adapta sin generar distorsiones en el cálculo económico. Sin embargo, si los bancos centrales emiten dinero más allá de la demanda, se distorsionan las señales de precios, ya que estas quedan “falseadas”.
Como resultado, el cálculo económico se vuelve erróneo: se alteran los precios de los factores de producción y muchos empresarios son inducidos a invertir en proyectos que luego no resultan rentables. Estas malas inversiones eventualmente quiebran, generando la pérdida de recursos escasos y valiosos.
Dado que muchos países están incrementando su gasto público, debemos exigir que no recurran a la emisión monetaria del banco central para financiarlo. Si los impuestos ya no pueden aumentarse porque la población se siente asfixiada, lo lógico es reducir el gasto. Se debe comenzar por todo aquello que no constituye una función primordial del gobierno. Pero jamás debe utilizarse la emisión monetaria para financiar el gasto público.