Liberal sin neo

No hay una “solución al problema”

Es inusual que alguien pueda cobrar o pagar “lo que se le da la gana”.

Un precio es una señal envuelta en un incentivo; informa y motiva. El sistema de precios es un ecosistema de información con diferentes grados de relevancia a persona, lugar y ocasión; coordina planes de personas que no se conocen entre sí ni obran por el interés del otro. Es inusual que alguien pueda cobrar o pagar “lo que se le da la gana”. La competencia es el mejor amigo del consumidor, que no lo libra de estar expuesto a accidentes de la naturaleza, a políticas erradas y a ese fenómeno que ha acompañado por milenios a la humanidad: la guerra.

Todo intento político de tapar el sol con un dedo fracasará.

El petróleo es el bien que más se comercia en el mundo, tanto por volumen como por valor; cerca de 103 millones de barriles diarios (mbd) se producen y cambian de manos. El segundo lugar lo ocupa el gas natural. Miles de millones de personas alrededor del mundo consumen diariamente estas materias primas en una u otra forma, compitiendo entre sí para obtenerlo. Millones de personas se dedican a producir, almacenar, distribuir y transformar estas materias primas y sus derivados, compitiendo entre ellos. Requiere vastas cantidades de capital e inversión, ingeniería y logística, para que los consumidores encuentren lo que quieren, en lugar y a tiempo, al precio de mercado. Es una gran hazaña, la suma de muchas hazañas, coordinada por el sistema de precios.

El presidente de Guatemala y sus ministros tienen bastante poder, pero carecen de capacidad para afectar el precio mundial del petróleo. Por más diplomacia y astucia que ejercieran, no lo va a encontrar más barato. Con la posible excepción de reducir o suspender temporalmente los impuestos a los combustibles, ninguna de las opciones a la mano produciría consecuencias favorables. Precios tope o subsidios conducen a la ruina. Manifestaciones y protestas en contra de los precios de los combustibles, la gasolina y el diésel son válidas como expresión de descontento y malestar, pero no podrán forzar alguna “solución al problema”. Todo intento político de tapar el sol con un dedo con relación al precio del petróleo y los combustibles fracasará y tendrá costos y consecuencias no intencionadas.

El mercado de petróleo es altamente competitivo; ni siquiera el rey de Arabia Saudí puede cobrar “lo que quiera” por un barril. Puede decidir reducir la producción de su país, con la intención de provocar que aumente el precio. Enfrentaría lo que en la teoría económica se conoce como el problema del cartel. Algunos importantes productores de petróleo se ponen de acuerdo para reducir la oferta y así provocar el aumento del precio. Surgirán al menos dos problemas. Uno es que algunos miembros del acuerdo harán trampa y aumentarán su oferta para aprovechar el precio más alto. Otro es que los oferentes que no son parte del acuerdo harán lo que puedan para aumentar su oferta y aprovechar el precio más alto.

Por muchas décadas, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) ha tratado de lograr acuerdos para restringir la oferta y subir los precios, sin éxito sostenido, por chanchullo de miembros, competencia de no miembros y porque precios más altos hacen rentable la extracción marginal.

Los precios de los combustibles se mueven en relación directa a los precios del petróleo. Mi pronóstico es que el alto nivel del precio del petróleo no durará; su efecto es tan pernicioso que tendrá que resolverse la manera de abrir el estrecho de Ormuz, con acuerdos o con violencia. Por otra parte, el alto precio está estimulando copiosa oferta marginal que encontrará forma de llegar al mercado. El precio bajará, pero no es posible predecir cuándo.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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