Economía para todos

Otra historia de tercer país seguro

José Molina Calderón josemolina@live.com

El tercer país seguro no es de nueva invención. Ya el guatemalteco Antonio José de Irisarri rechazó que en la época del presidente Lincoln enviaran personas negras a Guatemala, a establecerse en el país.

Un segundo caso ocurrió cuando el mismo gobierno estadounidense quiso enviar personas negras a Izabal, en Guatemala, y un tercer caso, el actual, en que se pretende establecer a Guatemala como tercer país seguro.
Dos organismos tratan sobre el asilo. El primero, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (Cear), defiende el derecho de asilo y desde 1979 trabaja por las personas refugiadas, apátridas y migrantes en situación de vulnerabilidad para que sean reconocidos y respetados sus derechos.

El segundo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), es el organismo de las Naciones Unidas encargado de proteger a los refugiados y desplazados por persecuciones o conflictos, y promover soluciones duraderas a su situación, mediante el reasentamiento voluntario en su país de origen o en el de acogida.
Del Magister en Ciencias Políticas (URL), Carlos L. Valle Soto, ex primer secretario ejecutivo de Cear, recibí el relato de un segundo caso de tercer país seguro, en triangulación Estados Unidos de América (USA), Haití y Guatemala, con personas de raza negra. Dice así:

Me parece oportuno compartir con usted una situación similar ocurrida en 1993, cuando el presidente de Guatemala en ejercicio, Gustavo Espina Salguero, recibió instrucciones del presidente de la República (Jorge Serrano) que estaba en USA, que se buscara una solución para recibir como refugiados estables a varios cientos de familias haitianas en la zona de Izabal contigua a Belice, por tiempo indefinido, por un compromiso verbal adquirido con funcionarios del gobierno norteamericano. Naturalmente se entiende un tiempo indefinido como “permanente”. Además de que el pastel era muy pesado para Guatemala, agravaría la situación limítrofe con Belice por el río Sarstún. La rápida reacción del vicepresidente Espina, poniendo unas condiciones muy onerosas para USA, logró que se desistiera esa encubierta colonización.

Le pregunté al señor Valle si podía ampliar el tema, y agregó: La situación fue la siguiente: en ese año, en mi calidad de conocedor de la situación y repercusión política internacional del problema de los refugiados y retornados a los países centroamericanos, por efectos de la guerra interna y con financiamiento de Acnur. El vicepresidente de la República solicitó colaboración al embajador de Chile (país que también tenía el problemas de retornados), señor Cristhián Bisquett, quien me propuso para colaborar en la solución de este tipo de problemas, por la experiencia que tenía sobre el tema, dado que me correspondió colaborar como primer secretario ejecutivo al crearse la Cear, en colaboración con Acnur.

Al producirse la posible migración de haitianos a Guatemala, para asentarlos en Izabal, crearía una situación bastante conflictiva, incluso de soberanía.

Mediante una llamada telefónica personal, el vicepresidente Espina me requirió que dentro del plazo de pocas horas le propusiera una solución para evitar mayores problemas al país, proyecto de respuesta que entregué basado en condiciones que obviamente serían prácticamente imposibles de aceptar por el gobierno de USA, dado que también debería ser conocida y aprobada por el Congreso de ese país. Horas después representantes del gobierno de USA encargados de solucionar el problema haitiano desistieron de insistir en su petición propuesta.

El resultado está a la vista, al evitar un nuevo problema de asentamientos de extranjeros en Guatemala, no con la brillantez de Antonio José de Irisarri, pero manteniendo su doctrina de soberanía nacional.