catalejo

Otras consecuencias de la burla a Jesús

A mi juicio, el peor efecto se conoció ayer, cuando surgió una tercera ilustración en la cual el propio Cristo empuja al infierno a Trump.

Debería ser innecesario continuar comentando las consecuencias de la burla a Jesús realizada por Donald Trump, pero al seguir nuevos ejemplos resulta ser casi obligatorio comentarla, no solo por razones propias del catolicismo en su calidad de ser la mayor agrupación de cristianos y tener relaciones adicionales en la cultura, toda clase de arte y buena parte de la ciencia. Credos distintos, muchos de ellos perdidos en la noche de los tiempos, tienen también relación con estos factores, y sus divinidades merecen el respeto de otras religiones.  Esto, por supuesto, no significa necesariamente aceptar esas ideas distintas, pero deben ser respetadas como una forma segura de evitar derramamiento de sangre de personas calificadas de enemigos, no adversarios con otro pensamiento.

Ayer ocurrieron otros dos sucesos absurdos. El primero fue una nueva ilustración de Cristo al lado de dicho político estadounidense, la cual se agrega a la larga serie de opiniones irreflexivas y decisiones de posibles consecuencias de división por razones religiosas dentro de Estados Unidos. Es una insistencia absurda de decisiones propias, según él mismo ha confesado con orgullo. J. D. Vance, un católico recientemente convertido luego de haber nacido evangélico, lo hizo por sentirse cercano a la doctrina del catolicismo. Pero al día siguiente de la primera ilustración de Trump,  regañó al papa León XIV porque —según él— opina demasiado acerca de temas políticos, lo cual de hecho crea una nueva división católico-trumpistas  y católico-papistas.

A mi juicio, el peor efecto se conoció ayer, cuando surgió una tercera ilustración en la cual el propio Cristo empuja al infierno a Trump,  quien está representado con una túnica blanca. No se puede saber quién lo creó y con qué intenciones, indudablemente por medio de inteligencia artificial, pero también tiene el efecto de más división religiosa mundial y un atraso de siglos. Si a alguien se le ocurriera hacer lo mismo en una ilustración con Trump y Mahoma, no tengo la menor duda: se repetiría la matanza ocurrida en París hace algunos años a causa de la reacción musulmana, afianzada porque quienes profesan esa religión se ganan el cielo cuando acaban con la vida de los cristianos. La violencia actual en el  Oriente Medio  lo hace ser un riesgo real.

Sigue desorden nacional

El panorama político del país continúa con un desorden total. La serie de elecciones y cambios en entidades del Estado cada vez afianzan más el desapego popular a su funcionamiento e integración, porque quienes al recibir la responsabilidad de aplicarlos, la hacen a un lado. Por eso actúan como son: seres dispuestos a ascender vertiginosa y vergonzosamente, con osadía y descaro, en los estratos económicos sociales. El fin de enriquecerse justifica todas estas lacras donde hablar de moral es un mal chiste o una prueba de total inocencia. Hay excepciones, claro, pero son mínimas y todo esto provoca la disminución del interés por participar, sobre todo en los jóvenes y en los sectores sin educación, por tanto ajenos a cómo debería funcionar la política.
No se puede negar una actitud similar en numerosos países latinoamericanos porque son numerosas las similitudes del tipo de personas interesadas en la politiquería. Es la crisis de una democracia de mentiras y por ello también avanza la idea de la necesidad de buscar y casi exigir a aprendices de dictadores por una equivocada y contraproducente idea de verlos como redentores, con ideas firmes para solucionar para siempre ese desorden rechazado por todos. En varias ocasiones ha funcionado ese espejismo: la “mano dura”, los “fusiles y frijoles” auspiciados por militares, aunque en este momento ellos ya no se interesan como lo hacían. El sector civil tampoco escapa.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.