Catalejo

Para analizar con validez esos 200 años de historia

Mario Antonio Sandoval

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Como era de esperarse, la conmemoración del Bicentenario del 15 de Septiembre de 1821 ha originado la exposición pública de criterios para analizar, realmente, qué se está celebrando. Ya se alborotó el cotarro y grupos sociales tan distintos como los autocalificados de criollos, mayas, o los señalados de oligarcas, grupos religiosos y laicos, universidades y centros de investigación se han lanzado en una lucha de defensa y de ataque de esa fecha, según la ideología. A causa de las condiciones actuales, nivel de educación e ignorancia histórica, y de elementos de interés presentes en una enorme mayoría de la población, hay un serio riesgo de perder la oportunidad de analizar las circunstancias locales e internacionales de entonces, olvidadas o desconocidas.

La historia no puede ser analizada en una fecha, “verticalmente”, partiendo de una línea de arriba abajo en el tiempo, sino debe hacerse “horizontalmente”, cuya diferencia radica en ser de largo alcance, panorámica, tomando en cuenta hechos colaterales pero importantes. La primera forma estudia la historia de manera específica de algún país o cultura, mientras la segunda, por ejemplo, en el caso de la Capitanía General, toma en consideración la independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa, la Europa dominada por Napoleón, la crisis del sistema colonial español y de su monarquía, el proceso de independencia de América del Sur y México, para desembocar en la independencia atípica proclamada en la ahora capital de Guatemala.

Tal separación de España se logró sin disparar un solo tiro, pero pronto la anexión a México le dio esa peculiaridad mencionada. La República Federal de Centro América, de 1824 a 1839, fracasó por egoísmos internos y presiones externas. Incluso el nacimiento de la República de Guatemala, en 1847, fue producto de los pleitos entre liberales y conservadores.
Estas diferencias marcaron momentos históricos con Morazán, Carrera, Mariano Gálvez y Barrios, quien a causa de sus 14 años de permanencia algunos lo consideran el iniciador de las dictaduras presidenciales, cuyos máximos representantes fueron Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico. Señalar esto no implica desconocer ni rechazar sus indudables aportes positivos en otros campos.

La independencia provocó la desintegración de la Capitanía General, cuyo territorio abarcaba desde Chiapas hasta Costa Rica y comprobaba la mejor visión de la Corona de España. Otras divisiones para el estudio de la vida nacional deben incluir, especialmente, la encarnizada lucha entre conservadores y liberales, con triunfos y derrotas de los citados personajes históricos. Entre 1898 y 1944 hubo 46 años con dos largos mandatos incluidos, y le siguen la etapa de los dos gobiernos derivados de la Revolución de Octubre; los gobiernos abiertamente militares de 1954 a 1985; los regímenes del lapso entre 1986-2001 —o sea la fracasada democracia— y desde entonces la corrupto-narco-cracia iniciada por Colom, aún vigente y en ascenso. Una excepción puede ser Berger.

La importancia de Inglaterra en el siglo XIX cedió a partir de la derrota de Alemania en 1945. Se afianzaron el poder estadounidense y el soviético, marco de las guerras de Corea, Vietnam, del desierto, antes del fracaso soviético. Guatemala sufrió el conflicto armado, forzadamente finalizado por la caída del muro de Berlín y la Cortina de Hierro, pero aquí permanece en la absurda polarización ideológica, cuya prueba más chocante y retrógrada es hablar de “chairos” y “fachos”.
Esos 200 años no se pueden explicar en pocas líneas, pero es posible establecer los criterios necesarios para despertar el interés de las actuales y “analfa-históricas” generaciones y conocer las traiciones contra Guatemala, desde el principio, por egoísmos internos causantes de los males hoy sufridos por todos.