Mirador

¿Para qué tantos años de conflictos?

Pedro Trujillowww.miradorprensa.blogspot.com

El FMLN de El Salvador obtuvo un escaso porcentaje de votos en el pasado proceso electoral y deja el Gobierno con un paupérrimo índice de aceptación. Dicho de otra manera: su acción política ha sido un fracaso o muy poco exitosa si usted todavía quiere pensar en positivo. Nada diferente, por otra parte, de lo que el FSLN de Nicaragua suscita. La perpetuación en el poder de los Ortega-Murillo se ha tornado una dictadura igual o peor que aquella que en su momento combatían con las armas. Por último, la URNG guatemalteca no ha conseguido nunca más de un 5% de votos en las urnas y a lo sumo ha agregado al Congreso uno o dos diputados. Se puede concluir que todos esos grupos regionales —de origen subversivo— cuentan con escasa aceptación social y, algunos, incluso con fuerte rechazo e indignación. En las décadas de los setentas, ochentas y principios de los noventas, fueron, sin embargo, protagonistas sociales con voces que se escuchaban en muchos lugares del mundo, desde donde se les apoyó económica y políticamente. Luchaban contra el poder constituido y sostenían sus discursos sobre la base de la defensa del proletariado y del indigenismo, confrontaban las dictaduras o hablaban con soltura —no siempre con conocimiento o razón— contra las oligarquías dominantes a las que había que combatir y aniquilar. Era la época del rancio e inútil comunismo soviético que se extendió por la zona, apresó la mente de muchos e hizo matar a no pocos bajo una militancia que se mostró cruel y equivocada con el tiempo, además de sumamente inútil para resolver problemas.

Décadas de conflicto armado que dejaron miles de muertos, desaparecidos y provocaron el éxodo de una parte importante de la población. Ahora, ninguno de esos movimientos cuenta con notoria representación social. “La gente no los quieren” y surge preguntas: ¿Dónde está aquel apoyo social que decían tener? ¿En qué momento cambiaron su discurso y se prostituyeron con actitudes autoritarias? ¿Dónde quedaron los principios que decían defender? Un enorme cúmulo de cuestiones afloran y la mente contrasta la perorata del momento con la realidad medible —y triste— que vivimos. A pesar de ello, los liderazgos de esos movimientos todavía apuestan por dictaduras —como la cubana, la venezolana o la nicaragüense— que bajo el pomposo nombre de socialismo del siglo XXI, campean a sus anchas por la región. Visitan y apoyan a los dictadores, se fotografían con ellos —Pablo Monsanto o Rigoberta Menchú— y defienden lo que realmente practican: el autoritarismo y la imposición de una forma de ser trasnochada, apagada, inútil para el desarrollo y manipuladora de pobres. Es increíble lo que la dictadura nicaragüense deja ver sobre los auténticos fines de estos movimientos o el nulo éxito electoral de la URNG cuando promueve un discurso vacío y huero sobre indigenismo y pobreza. Quizá, en orden a la honestidad, el FMLN haya sido, en el fondo, el menos impúdico y deshonesto de todos ellos.

Aprendido de aquello que no funcionó —aunque no estoy muy seguro de ello— pasamos de una lucha ideológica cuestionada e inútil a otra de valores, principios y ética en el quehacer. Algunos toman similar partido como en aquella ocasión y pretenden acallar la confrontación contra la corrupción. A ver si dentro de unos años pasa como ahora y comprobamos que los vicarios del discurso nacionalista, de la dignidad, y de la soberanía terminan por llevarnos a un inútil espacio de confrontación sin conseguir, como los subversivos, el cambio que afanosamente proclamaron.

¿Aprendemos de la historia o estamos listos para repetirla?, ahí está la decisión.