Catalejo

Petro: causas del triunfo y peligros de un fracaso

Mario Antonio Sandoval

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La victoria de Gustavo Petro, hoy primer presidente exguerrillero de la historia colombiana, debe ser analizada con serenidad para conocer sus razones, tanto por quienes la aprueban como por sus adversarios. El cambio en el panorama político en el continente es clara, como lo es la ola de presidentes izquierdistas electos y con ello agregados a las dictaduras de Cuba y de Nicaragua. Como él mismo reconoció en su discurso, la ganancia de la elección se debe “al aumento de las votantes mujeres y de los jóvenes”. Esto no oculta la realidad del abstencionismo del 56 por ciento en la segunda vuelta, el más alto de este siglo. Ese 52 por ciento solo es el 24 por ciento del total. La eliminación de los votantes ausentes otorga resultados de espejismo, como ocurre en todos los países. No votar es un mensaje durísimo.

Al analizar el discurso de Petro, llama la atención el tono calmado de sus palabras, sin gritos ni gesticulaciones, tratando de proyectar una imagen de estadista. Habla de “la política del amor, no para vengarnos ni sembrar odios” en un gobierno de vida, “no destruir al oponente”. Busca dos utopías: la primera, derivada de esa definición romántica y abstracta de la política; la segunda, buscar una sola Colombia, no las dos demostradas en las elecciones. Deberá cumplir las promesas aceptables del discurso, como no contemplar expropiaciones, pero su terrible pasado guerrillero, aunque juvenil, no dejará de perseguirlo por sus acciones al integrarse al sangriento M-19, tal vez el peor de los grupos guerrilleros latinoamericanos, con inmensas e innumerables violaciones a los derechos humanos.

Al prometer “no traicionaremos al electorado” se coloca una soga al cuello, porque dentro de este, y de sus aliados y seguidores, puede esconderse la exigencia de la venganza y la aplicación de absurdos como acercarse no a Venezuela, como país de la región y fronterizo, sino a la Venezuela de Maduro. En un país tan desangrado a causa de ataques indiscriminados contra la población civil y de acciones incalificables, crímenes de guerra que se dieron durante la confrontación en Colombia y que se mantuvo a lo largo de varias décadas, se agrega el largo reinado de la droga por una serie de capos sangrientos como Pablo Escobar, Tiro Fijo Marulanda y muchos otros de crueldad inhumana.

La inmadurez juvenil y la falta de conocimiento y de análisis de la historia nacional y latinoamericana es un problema presente en todo el continente cuando se toman decisiones en la política. La participación de la mujer, muy positiva en su concepto, a causa de la falta de educación suficiente, discriminación social e inexperiencia de cómo actúan los políticos y cómo se debe actuar en la política, puede convertirse —como en Guatemala— en un factor coadyuvante a los efectos de las acciones de hombres marrulleros, tramposos y con mala intención. La vicepresidenta Francia Márquez habló de resistencia, respeto a la Madre Tierra y a los derechos de quienes integran el grupo LGTBI, lo cual contribuye a mantener la división en un país tan conservador como Colombia.

El camino presidencial de Petro, un terreno surcado por profundos barrancos, comenzó con la casi inmediata felicitación de Nicaragua, México, Chile y Argentina, miembros de una paleoizquierda causante de emigraciones de personas y capitales, quienes no dudarán en acusarlo de traidor si no actúa con la ceguera histórica de ellos. Los adversarios ideológicos de todos estos gobernantes no tienen opción a escudriñar razones, descubrir errores y revisar si conviene mantenerse en aplicar la idea de “cambiar algo —o mucho— para que no cambie nada”, como dice la novela italiana El Gatopardo. Otro dicho reza: “Al caballo y al amigo no lo canses”. Los colombianos, cansados de la política tradicional, se lanzaron al abismo.