Catalejo

Precio de medicinas, un olvidado tema

Mario Antonio Sandoval

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Hace algunas semanas, el doctor Román Carlos Bregni tuvo la entereza de señalar la inaceptable realidad del precio de las medicinas en Guatemala. Tiempo después, Gert Rosenthal comentó con sorpresa la diferencia de costo de los medicamentos en Francia. El asunto pronto quedó en el olvido, abrumado por la multiplicidad de noticias emanadas del realismo trágico, no mágico, de este país. Fue ensordecedor el silencio del Colegio de Médicos, de las agrupaciones científicas de varias de las especialidades de la salud, del ministerio respectivo y del Gobierno, irónicamente presidido por un médico y cirujano. Sin embargo, una agrupación médica hizo un llamado para la intervención estatal.

Se trata de la Asociación de Médicos Escritores, a cuyo criterio es necesario establecer en Guatemala “un sistema de control de precios de los medicamentos que se usan en el país”. Esta frase, sin duda, provocará ira, crítica despiadada, uso de criterios reflejantes de medias verdades, es decir de medias mentiras. Pero antes de lanzarse a la defensa de la realidad de hoy, es necesario buscar la respuesta a interrogantes de una abrumadora simpleza. Por ejemplo: ¿por qué una medicina en la ribera oeste del río Paz y en la ribera este del río Suchiate cuesta a veces casi el doble? A mi criterio, esos ríos no provocan una ascensión de los precios de las medicinas. Por ello son muchos los guatemaltecos convertidos en clientes de las farmacias de Santa Ana y de Tapachula.

La intervención estatal es justificada y este caso urgente, sobre todo cuando ya es clara la imposibilidad de detener la inminente cercanía de la llegada de la crisis causada por el coronavirus. No hay alivio ni vacuna por ahora, pero por no tratarse de un terremoto, imposible de predecir, sino de un tsunami. Se le ve acercarse, y es también posible prepararse, a fin de no aumentar el número de víctimas por los precios exorbitantes. El tema en Guatemala está evidentemente relacionado con la corrupción, cuyo combate es una de las promesas más repetidas en el actual gobierno, para buena suerte encabezado por un médico. Es difícil al político el alcance del problema. Al médico, no.

Los médicos escritores dicen verdades, como la de ser Guatemala uno de los países del mundo con precios más altos en las medicinas y se refieren a la publicidad engañosa, a la vulneración de valores y principios éticos. La solución pasa por reducir o eliminar los impuestos en estos productos, investigar el precio de venta a las farmacias guatemaltecas, así como las de otros países. La medicina en Guatemala tiene más precio porque la cantidad de dinero es proporcionalmente mayor a la cantidad del ingreso promedio de quienes trabajan. Un ejemplo: pagar en España dos euros (Q15, aprox) por boleto de autobús, en proporción es menor a cancelar el Q1.20 oficial de las camionetas, ascendido a Q2 o más, según la hora, sobre todo cuando es prepago.

La lucha contra la corrupción tiene beneficios inmediatos. Quienes están condenados a “cadena perpetua” en el uso de medicamentos tienen derecho a recibir una ayuda compartida con el resto de la población. Por aparte, sembrar la duda acerca de la calidad de todos —ojo: todos— los medicamentos genéricos se debilita cuando se investiga por qué en países industrializados, con Estados poderosos y por ello con mejores condiciones para sus habitantes, los pacientes del servicio médico en un muy alto porcentaje de casos reciben estos vilipendiados medicamentos. Soluciones hay. Se necesita el valor de un gobierno a cuya cabeza se encuentra un médico. Si no lo hace…