Liberal sin neo

Reflexiones sobre la democracia

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

En el mundo moderno la democracia parece ser el único sistema de gobierno moralmente aceptable. Todos creemos saber qué es democracia; sin embargo, en la academia y en la práctica no hay consenso sobre su significado preciso. Algunos elementos básicos son un sistema político para nombrar y reemplazar a los gobernantes por medio del voto libre, la libre participación de los ciudadanos en la vida política y cívica, derechos reconocidos y la igualdad ante la ley. La democracia constitucional encierra derechos y leyes fundamentales que no pueden ser violadas o modificadas fácilmente por mayorías simples. Manuel Ayau decía que el voto permite conocer la opinión de la mayoría, pero no es capaz de descubrir la verdad ni la justicia.

El término democracia surge en el siglo V a.C. para denotar el sistema de gobierno en algunas ciudades-estado de Grecia, especialmente Atenas, significando “gobierno del pueblo”, opuesto a la aristocracia o gobierno de la élite. La historia ha demostrado que estos términos no son tan opuestos como aparenta. La democracia griega era directa, todos los ciudadanos varones, en asamblea, tenían derecho a ser escuchados, a votar y a controlar el proceso político. Los cargos administrativos y judiciales de gobierno se otorgaban por sorteo entre los ciudadanos. Más tarde en la historia, en Roma y luego en Europa, la calidad de votante estaba atada a la tenencia de propiedad. Esto no es tan elitista como suena, pues el que no tiene propiedad o patrimonio no tiene nada que perder y votará por quitarle a otros para redirigirlo a sí mismo, que es en efecto en lo que se ha convertido la democracia representativa, un mecanismo de confiscación y redistribución, con la legitimidad del voto de la mayoría.

Hoy en día se practica el sufragio universal y la democracia representativa, pero perdura el mito de que el poder está en los ciudadanos o que nos gobernamos a nosotros mismos. Escuché en un video la frase de que no elegimos representantes, sino jefes. La democracia representativa funciona mejor en comunidades pequeñas donde votantes y representantes se conocen bien unos a otros, comparten raíces y valores y la rendición de cuentas es directa. La democracia de masas se aleja mucho de esto y el representante es más un cañón suelto que aboga por sus propios valores y creencias y practica la transacción de intereses. Con Montesquieu surge la afamada división de los tres poderes para brindar al ciudadano la protección de contrapesos al poder absoluto. Para el cínico, son todos coyotes de la misma loma.

Sócrates fue muy escéptico de la democracia, pensaba que era presa fácil de la demagogia, esa práctica política que apela al prejuicio, el apetito y la ignorancia y no a la razón. En el libro 6º de La República, Platón narra una conversación entre Sócrates y Adimanto, en la que el filósofo compara el gobierno con un barco en alta mar; ¿quiénes decidirán quién estará a cargo del barco? ¿Cualquiera? ¿O personas que saben sobre navegación? Para Sócrates, votar es una habilidad, no una intuición, y como cualquier habilidad debe ser cultivada, es decir, es necesario un pueblo educado. El problema es que ya no está tan clara la línea que separa educar de adoctrinar, especialmente cuando el propio Estado tutela la escolaridad universal, que se confunde con educación.

Churchill decía que el mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante promedio. También dijo que la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todas aquellas otras formas que han sido probadas de tiempo en tiempo.