Catalejo

Reformas constitucionales y su peligro para el país

Mario Antonio Sandoval

La semana pasada se hizo público el documento preparado, tras numerosas reuniones, por las instituciones integrantes del llamado Foro Guatemala, cuya voz es importante porque tiene representantes de una muy variada colección de instituciones nacionales, preocupadas por el evidente desastre en todos los órdenes sufrido por el país desde hace varios años, y afianzado como nunca en el actual gobierno, representante del peor retroceso histórico desde la promulgación de la actual Carta Magna. Sin embargo, son peligrosas y casi de seguro contraproducentes las sugerencias en base a cambios constitucionales, por una simple razón: deben ser decididas por una asamblea constituyente, en la cual se convertiría este congreso de la República, centro del vandalismo político más increíble.

Aunque el Foro Guatemala sugiere las reformas solamente dirigidas a los artículos dedicados a regular los períodos de las judicaturas y las magistraturas, la extensión de la carrera judicial y la separación de las funciones administrativas, así como el modelo de revisiones de las comisiones de postulación, estas buenas intenciones empedrarán el camino hacia el infierno. Una constituyente, por definición, es soberana y por ello puede decidir cambiar toda la Constitución o parte de ésta, según su propio criterio, y no necesariamente el de los representantes de un grupo ciudadano valioso y multidisciplinario. No tiene sentido convocarla para una reforma específica, porque ello necesita de acuerdos políticos cuya efectividad es imposible de lograr a causa de la realidad politiquera del país.

En otras palabras, todas las atendibles y necesarias sugerencias emanadas del Foro Guatemala no serán hechas realidad o tendrán cambios fundamentales, y el resultado será el de desprestigiar a dicho grupo social, sin duda señalado por los corruptos de ser la base de las reformas dispuestas. La Constitución será indudablemente despojada de aquellas normas importantes para la sociedad, sustituidas por criterios sólo beneficiosos para la politiquería. Doy como ejemplos la duración del período presidencial, la prohibición a las reelecciones, la edad mínima para ejercer la presidencia, la libertad de emisión del pensamiento, acciones todas fuera de las intenciones de los integrantes del foro.

Todas las demás sugerencias pueden ser calificadas de “cartas a Santa Clos”, imposibles de lograr a causa de las circunstancias terribles del país. Constituyen retórica agradable de oír o impostergable, como lo es por ejemplo lograr los 180 días de clase y contar con maestros capacitados, con ética, imposible mientras el magisterio sea dirigido sindicalmente por mercachifles de la educación. O hablar de generar condiciones para promover el desarrollo de un modelo económico donde el talento sea el principal recurso. Lo más importante es reconocer la imposibilidad, lamentablemente, de emplear las vías normales de funcionamiento político, cuando en el país quienes participan son simples miopes; en teoría, es una cosa, pero en la realidad, otra.

Los integrantes del Foro Guatemala deben desde ahora estar vigilantes para impedir a los impresentables hacer los daños implícitos en su aceptación a la propuesta, pero cambiarla y con ello desprestigiar ese esfuerzo. Aunque los cabecillas e integrantes del pacto de corruptos juraran por lo más sagrado solo hacer esos cambios, no van a cumplirlo. Queda entonces como única opción la más dura presión ciudadana. Dentro de esta entidad hay personas con viejo colmillo político, capaces de entender este riesgo, equivalente al de entregarle al ladrón las llaves, como dice el viejo dicho. No se trata de ser pesimista ni ver todo de color negro, sino de tener algo de experiencia de cómo actúan los politiqueros, tanto tradicionalmente como sobre todo en los últimos tres años de “pactodecorruptocracia” galopante.