Catalejo

Reunión para lograr paz fracasa por los exabruptos

Islamabad: Reunión para buscar algún acuerdo mínimo fracasó al faltar voluntad real para terminar la guerra.

El significado de las palabras, aunque estas puedan tener varios, es un instrumento útil para poder embarcarse en la complicada tarea de la predicción del futuro. Esto necesita a la vez conocer la lógica del lenguaje, las lecciones de la Historia y el sentido común, aunque no sea tan común como debería a causa de la estupidez, característica humana transversal, capaz de presentarse en todos los seres humanos. La guerra es el más viejo, serio, violento y sangriento tipo de enfrentamiento entre pueblos y países. Las retiradas en un conflicto bélico —de barcos de guerra, por ejemplo— y el intento de justificarlas porque los objetivos se han logrado suelen causar hilaridad y desconfianza por ser mentira o espejismo de un ego totalmente desbocado.


La guerra termina cuando un bando vence o destruye al otro, y un armisticio o tregua suspende las acciones bélicas. Estados Unidos retiró portaviones y aceptó la intervención de Pakistán para lograr una tregua de la cual surgieran acuerdos de paz firme y duradera. Si esto no sucede, la guerra continúa aunque en teoría tradicional no exista porque no fue declarada, y termina con una rendición, generalmente incondicional. Sin embargo, esta condición ya de hecho fue enterrada desde el momento de la invasión de Rusia a Ucrania y los bombardeos generalizados de Estados Unidos contra Irán. Por aparte, no es serio hablar de objetivos logrados cuando una de las partes sigue capaz de atacar muy efectivamente a costos ínfimos y causa serios daños económicos.

Comenzar así no demuestra fuerza, sino una terca tozudez inflexible.


Las mínimas 23 horas de conversaciones entre el vicepresidente Vance y el canciller iraní en Islamabad no daban oportunidad alguna de algún tipo de éxito, si no fuera la capitulación incondicional de alguna de las partes. Militarmente, Estados Unidos ha obtenido victorias fundamentales, pero en lo político no veo sólida su posición porque es observado con preocupación de posibles y súbitos cambios de consecuencias económicas en todo el mundo, cuyos efectos ya lo afectan en su propio territorio. Mientras negociaban los enviados, continuaron acciones militares. Para los iraníes, Israel es parte de esos acuerdos, y al no ser aceptado por Netanyahu ni por Trump, complica aún más cualquier solución y la intransigencia iraní compra tiempo para mantener su poder.


Lo ocurrido en Pakistán consolidó la coyuntura de sus buenas relaciones con todos los involucrados. No se cerraron con llave las puertas y eso despierta la mínima esperanza de otras reuniones. Me parece una utopía política y por ello el mundo debe prepararse para los efectos económicos del cobro de peaje dispuesto por Irán, quien gana económicamente por las enormes sumas cobradas por el ayatola actual, cuyo objetivo es hundir económicamente a Estados Unidos a corto o largo plazo, no importa. Hacia lo interno, Trump afirma haber triunfado y Mojtaba Jamenei habla de haber impedido el plan inicial EE. UU.-Israel, mientras aplica paso a paso un plan preparado por su padre durante cuarenta años, en espera de una oportunidad de sacar provecho interno y externo.


Las posiciones de ambas partes eran inaceptables para la otra parte. Comenzar así no demuestra fuerza, sino una terca tozudez inflexible. Rompe lo mínimo de confianza indispensable para sentarse a una mesa. La negociación requiere disciplina para no afectarla, interrumpirla o eliminarla. Los errores debidos a exabruptos se pagan caros y por eso frases desafortunadas y reactivas como “me da igual el resultado” debilitan al enviado, sobre todo si es de tan alto nivel, y otorga a una contraparte no dispuesta realmente a lograr la paz por haber sido quien fue atacada, un argumento sólido para usar en su favor porque proviene de alguien con un puesto de mando máximo y una personalidad tan peculiar, extraña e impredecible, rodeado de simples amigos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.