Catalejo

Ruego a la ONU, OEA y demás entes foráneos

Mario Antonio Sandoval

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Este es un ruego o al menos una petición extraña pero necesaria, dirigida a la ONU, la OEA, otras entidades políticas y a las cancillerías de los países amigos. El merecido castigo diplomático y económico a Giammattei, por desgracia solo afecta a los guatemaltecos, no a él ni su despótico círculo de cleptopolíticos, incrustados y dominantes en los puestos principales del gobierno, por elección o nombramiento. No se le debe tomar en serio a causa de sus arranques hepáticos, comunes desde cuando era candidato. Es, además, errático: a pocos días de señalar a Estados Unidos de complotar para derrocarlo, le pide puentes para solucionar la tragedia de Villa Nueva y del país. Incoherencia total.

Con su megalomanía al canto, llegó a la OEA a regañar de mal modo por el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y quejarse porque este “no tomó en cuenta los logros de su gobierno”. Como informó Prensa Libre, de los 20 minutos concedidos, dedicó 11 a defenderse, dos a la migración, cinco a seguridad y narcotráfico, cuatro al cambio climático y dos (sí, dos) a la corrupción. Como ya lo hizo Daniel Ortega, planifica la salida de la OEA para no tener observación internacional en las elecciones y así poder robarlas con el fin de asegurarse la impunidad cuando se retire con su cleptogobierno.

Consolidó hacia afuera la imagen de intolerante, opuesto a toda crítica u opinión adversa, y también la creencia foránea de la incapacidad del pastor-canciller, pero lo más preocupante es su mente bloqueada al rodearse de quienes lo ven como reencarnación angelical. No entiende, o no puede, aceptar la posición laica de los guatemaltecos —quienes no siempre lo apoyan o rechazan temas como el aborto— y cuya opinión política no cambiará por el apoyo del diente al labio acerca de ese espinoso y divisor tema. Por favor, países amigos: sepárenlo a él y a sus cuatreros del resto de los guatemaltecos.

La meta del viaje se logró

El doctor Humberto Arias Tejada, histórico comentarista deportivo, solía decir: “El resultado 2-0 es el más peligroso, porque si el marcador se pone 2-1, entran los traicioneros nervios”. Así pasó el viernes a los jugadores chapines y en dos minutos los dominicanos anotaron dos goles. Luego, el árbitro no quiso marcar un penalti y la lotería les fue adversa. Su objetivo era clasificar al campeonato Concacaf Sub 20 y así fue. Se abrió una posibilidad extra y no se pudo. Si bien el equipo perdió por su desempeño en el segundo tiempo, no por ello la clasificación deja de ser un gran logro porque también estableció un récord: el número de penaltis atajados por el portero Moreno.

El mismo comentarista decía también: “No fue penalti, porque no lo marcó el árbitro”. También se puede aplicar a este caso. Reitero a los muchachos: ahora se debe entrenar con mayor seriedad y disciplina. Estos juegos clasificatorios dieron la oportunidad a estos futbolistas de demostrar la calidad de su generación, poco conocida por las condiciones de la Federación Nacional de Futbol, de alguna manera responsable por la falta de más oportunidades a los jóvenes en los equipos de la Liga Mayor. Es momento de iniciar cambios en la organización para mejorar el futbol chapín, pero eso no depende de los jugadores, sino de los dirigentes.

No se debe olvidar un factor poco conocido: la participación de Guatemala en ese torneo de Concacaf no está 100 por ciento segura. Si la Corte de Constitucionalidad no puede entender la calidad de instituciones privadas, no públicas, del Comité Olímpico Internacional respecto del guatemalteco, sacaría a Guatemala y ello dejaría fuera a los deportistas guatemaltecos de toda competencia olímpica. Y si la Fifa adopta este criterio, lo cual representa preocupaciones tanto entre aficionados como entre directivos guatemaltecos, de dar la oportunidad a México para participar como una especie de invitado.