Catalejo

Si fuera un estudiante, ¿habría ganado el año?

Mario Antonio Sandoval

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Para finalizar los comentarios de la gestión de Alejandro Giammattei en sus primeros dos años de gobierno se debe hablar del resultado de 56 puntos —de 100 posibles— otorgados por el Centro de Investigación para el Desarrollo Regional (Cindere), el Instituto de Análisis e Investigación de los Problemas Nacionales (Ipnusac), la Cámara de Industria, la Iglesia Católica y la Alianza Evangélica, así como un líder sindical. Debe mencionarse la decisión de abstenerse de Asíes y Fundesa, ambas del sector privado, porque se puede interpretar como una forma de proteger al mandatario, luego de haber participado en el cuestionario del gabinete. En resumen, y haciendo una comparación, en un examen en la escuela ese estudiante con 56 puntos habría ganado las asignaturas.

Es difícil entender los resultados de 64 en calidad del gasto, 60 en gerencia de cartera, 56 en cuentadancia y 42 en gestión de la pandemia —solo en esta última perdió la clase—, que no coinciden con la creencia popular basada en la realidad. Las contradicciones resaltan en las respuestas a la consulta de Prensa Libre. Cindere señala la disminución de la credibilidad presidencial por el mal manejo de la pandemia y de la lucha contra la desnutrición; no rendir cuentas; no cumplir promesas como salir del Parlacen; no explicar el uso de los recursos; que el gabinete no sigue la estrategia ni hay coherencia entre el discurso presidencial y su plan de gobierno, agregado a la mala comunicación con la ciudadanía y con gastos sin resultados claros ni bien coordinados.

Tanto Cindere como Ipnusac coinciden en ver el peor resultado en el manejo de la pandemia y señalan, con razón —a mi juicio—, el cambio del papel protagónico de Giammattei al principio de la crisis y su desaparición de los informes en cadena nacional cuando se evidenció su falta de control o su ausencia desde el principio. Por su parte, Luis Alfonso Bosch, presidente de la Cámara de Industria, calificó la ejecución del plan de gobierno como “aceptable en términos generales” y al hablar solo de macroeconomía se olvida de la microeconomía, la de mayor importancia y efecto en la población mayoritaria. También calificó “de aceptable a bueno” el manejo de la pandemia, aunque ello signifique haber disminuido la atención a las enfermedades comunes.

Los líderes religiosos fueron más directos. El cardenal Ramazzini se refirió con claridad, en forma directa, al “Centro de Gobierno, que nunca entendimos para qué sirvió” y señaló como principal objetivo recuperar la confianza de la población para enderezar el rumbo. César Ayala, de la Alianza Evangélica, consideró el deterioro como resultado de la falta de trabajo en equipo entre Giammattei y Guillermo Castillo, así como la falta de una distribución “ecuánime, responsable y honesta” de los recursos del Estado. El sindicalista Rigoberto Dueñas criticó, entre otros temas, “atraer inversiones con el incentivo perverso de los bajos salarios”. Distintas opiniones, diferentes entidades, pero que concuerdan en la crítica a este gobernante egocéntrico.

De las esperanzas para este año destacan dos: el 58% espera el combate a la corrupción, pero apenas el 11% la atención a la pandemia. Sorprende. Esos números no deberían puntear a 100, porque las respuestas no deben ser sumadas, sino analizadas por separado. Pudo haber resultados, por ejemplo, de 80 y 75 por ciento en los dos temas indicados y permitir conocer mejor los deseos de la población. La obligada desaparición del vicepresidente comprobó la complicada personalidad presidencial y pasó la cuenta: pese a todo tuvo mejor calificación. Volver intrascendente al número dos del Ejecutivo afecta a ambos, con la ventaja para este último de asumir, sin decirlo, el papel de víctima. Pese a todo, el resultado de este trabajo periodístico solo sorprende a los aduladores.